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La economía de Jhonny ya había disminuido un 60 por ciento, por los problemas que venía sufriendo Maicao por los cierres de frontera y la situación política en Venezuela. Por culpa de la pandemia entraba también a engrosar la otra larga lista de colombianos que veían bajar aún más su economía.

Esa situación lo llevó a prescindir de algunos productos y servicios que anteriormente había adquirido y con los cuales buscaba darle mejor calidad de vida a su familia.

Entre los servicios de los cuales quiso prescindir, estaba el de Internet hogar, contratado con la empresa Movistar. Llamó a cancelarlo, pero tuvo que retractarse, porque sus dos hijos, de 8 y 12 años, necesitarían el servicio para poder seguir con sus clases de forma remota.

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El reajustó su presupuesto, de tal manera, que su sueño de ver a sus hijos convertidos en todos unos profesionales, no tuvieran que verse truncados.

En los siguientes dos meses tuvo algunas inconformidades con Movistar, porque el servicio se daba de forma intermitente. En una oportunidad el servicio falló durante dos días consecutivos; días en los que se vio obligado a tener que recargar datos a su teléfono móvil de Tigo para que sus hijos pudiesen cumplir con sus responsabilidades académicas.

Por más que intentó ser puntual en el pago de su servicio, su economía no le dejaba hacer más estiramientos, así que no pudo seguir pagándolo.

Días después de la fecha límite de pago, un jueves por la tarde, para ser más exacto, el servicio de Internet había dejado de funcionar nuevamente. Llegó a pensar que era un daño, que al día siguiente se arreglaría y sus niños podrían seguir con sus clases.

Viernes, 7:00 a. m., dos niños desesperados, porque habían adquirido el raro hábito de la puntualidad. Los minutos pasaban y la conexión no se restablecía. La preocupación en ellos aumentaba al pensar en las represalias que sus maestros tomarían.

El daño ya se pasaba de lo normal; así que Jhonny tomó el teléfono para llamar a la línea nacional de Movistar. El saludo que recibía, le indicaba que su línea había sido suspendida. Fue tanta su ira que el teléfono terminó pagando los platos rotos.

Su mente no lograba asimilar lo que estaba viviendo. Le parecía inaudito que en plena cuarentena una empresa como Movistar le suspendiera el servicio; cuando eran más de 5 años los acumulados como cliente, en los cuales se había mantenido puntual, hasta este penoso momento, resultado de la situación que estaba afectando a todo el país.

Daba pasos por todo el pasillo de su casa, de la terraza al patio y viceversa. Intentaba encontrar una solución, sus hijos no podían perjudicarse. No quería que ellos vivieran lo que de niño él tuvo que vivir; motivo por el cual no logró culminar sus estudios de bachillerato.

Al día siguiente tomó su anillo de matrimonio y lo dejó en una casa de empeño al dulce 10. Movistar le restableció el servicio de Internet dos días después. Contó con la suerte del puente festivo, por lo que se salvaron de haber perdido el día lunes.

El siguiente mes tuvieron algunas interrupciones, pero prefirió sufrirlas en silencio. Cuando le llegó el nuevo recibo de pago, estaba clarito el valor de la mensualidad, pero pensó encontrar algún descuento por los días que no tuvo conexión, ya fuera por los daños o por los días que había durado el servicio suspendido.

Por el contrario, identificó claramente un valor adicional por reconexión, el cual le hacían por cada uno de los servicios contratados (teléfono, internet, televisión). No le habían dejado cancelar los otros servicios, mucho menos le informaron que pudo haberse quedado solo con dos de ellos.

Vio en el Boletín del Consumidor cuando su personaje Tal Cual hablaba de una resolución 5111 de 2017 de la Comisión de Regulación de Comunicaciones, en donde decían que estaba prohibido cobrar el tiempo de servicio no prestado, sin importar si había sido por daño o por suspensión del mismo. Quiso reclamar, pero sentía que iba a ser pelea de tigre con burro ‘amarrao’.

Jhonny se encerró en su cuarto a llorar. Entendía que estaba solo, que no podía pelear contra una multinacional, ante la cual muchos gobiernos llegaban arrodillados.