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En la historia reciente del departamento quedará por muchos años como referente el decenio que terminó el 31 de diciembre de 2019. Ese día finalizó, la que se podría considerar la peor década de vida administrativa del departamento de La Guajira.

Entre los años 2010 y 2020 pasaron por el Palacio de la Marina más de 13 personas ostentando el título de gobernador del territorio de Padilla, más de un gobernador por año. Ya en años anteriores, varios de los exgobernadores del departamento que, aunque lograron terminar sus mandatos, terminaron con reproches por parte de sus electores, con investigaciones, suspendidos para ocupar cargos públicos o condenados por la justicia.

No es por suerte o un por acto del destino, que la mayoría de los indicadores para medir el buen funcionamiento de la administración pública hoy se encuentren rojo. Se juntó la debilidad administrativa, la falta de continuidad en la gobernabilidad y la ausencia de un líder cabeza de la política pública en el departamento, que ayudaron a catalogar esta como una de las peores décadas del territorio.

Temas tan sensibles como muerte de niños por desnutrición, pobreza monetaria, pobreza monetaria extrema, el desempleo, entre otras variables, terminaron con números preocupantes, incluso, con indicadores peores a los registrados en el inicio del siglo XXI.

Durante la pasada década y bajo el “visto bueno del Estado”, el departamento de La Guajira, Colombia y el mundo, presenciaron cómo (según cifras oficiales) más de 4000 niños fueron enterrados. Científicos han demostrado hasta la saciedad que, gran parte de ellos fallecieron por enfermedades que la ciencia moderna hace años cura, enfermedades, muchas de ellas sujetas a la desnutrición y al manejo del agua potable, todo un genocidio. Solo con esta información, es suficiente para clasificar estos como los peores años del departamento de La Guajira.

La pobreza fue otro tema donde la tarea se perdió. Dentro de las mediciones que hace el Dane en su boletín técnico Pobreza Monetaria para La Guajira indicó que, la pobreza monetaria y la pobreza monetaria extrema, alcanzaron una incidencia de 53,7 % y el 26,7 %, respectivamente (en este último dato es superior a la información registrada en el año 2004 cuando era del 18,30 %).

Estos datos comparados con los promedios en Colombia, donde las reseñas son del 27 % y 7,2 %, reafirman el fracaso de la política social del departamento, del Estado y de la sociedad en su conjunto.

El desempleo fue otro gran reto. La Guajira inició el 2020 con personal cesante similar a los de inicio de siglo, cuando se tenían cifras superiores al 20v%. Antes de la pandemia el departamento de La Guajira contaba con tasas de desempleo superiores al 15 % y una informalidad 55 %. Después del covid-19, sin duda, estos datos superarán el 25 % y el 60 % respectivamente.

Obviamente no todo lo que pasa en nuestro territorio es culpa de los administradores de turno, ellos no tienen toda la responsabilidad, pero ellos son los que toman las decisiones más importantes dentro del territorio, a ellos les corresponde hacer una lectura crítica de estos y proponer soluciones, para eso son electos.

Hoy hay un gobernador caminando todo el departamento, se habla bien de él, por su formación académica y su experiencia laboral da la impresión de conocer muy bien el territorio.

Tiene Nemesio la tarea de planear el departamento. Por los problemas tan profundos y variados que tiene el territorio, debe tener la mirada puesta no solo en cuatro años, él debe activar sectores productivos que hoy funcionan a media máquina, otros que no funcionan o que nunca se han explotado.

Él tiene el gran reto de proponer, cuáles serán las fuentes de empleo, con qué dineros van a ejecutar futuros planes de desarrollo, cómo será la salud, la educación, los servicios públicos; ¿serán el agro, la industria, las energías alternativas o el comercio las fortalezas del territorio?

Lo cierto es que La Guajira no aguanta un año más de improvisación. La educación, el cambio de modelo económico, la salud y el desarrollo del departamento no admiten un año más de espera. Hay que tomar decisiones ya.

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