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La nueva Procuradora General de la Nación, Margarita Cabello Blanco, es hija del villanuevero Leandro Cabello López; por ello podemos decir, a mucha honra, que una nieta de La Guajira es la gran representante de la sociedad colombiana encargada de iniciar, adelantar y fallar las investigaciones disciplinarias contra todos los funcionarios públicos del país, incluyendo al primer mandatario, y también a los particulares que ejerzan funciones públicas o manejen dineros del Estado.

Estaremos orgullosos de esta nieta de La Guajira, si realmente cumple con el papel que le asigna la Constitución Política y el Código Disciplinario Único. El gran problema es que el día a día, nos está indicando que los gobernantes, quien lo creyera, prefieren no hacerle caso a los mandatos constitucionales que sintetizan los sistemas de pesos y contrapesos, sino que prefieren confundir el Estado con el Gobierno. Creen que solo los incondicionales les despejan el camino.

Prefieren no tener controles. Prefieren ‘amigos sumisos’ en las posiciones claves del Estado. Por ello se sienten triunfantes cuando logran posesionar funcionarios proclives a sus intereses en Fiscalía, Contraloría, Defensoría del Pueblo y Procuraduría. Ya el Presidente Duque lo logró. No ha caído en cuenta de que ahora sí se parece a Maduro, que también se siente amo de su república. O tal vez piensa que es otro emperador absolutista como aquel Luis XIV con su ‘le etat cest moi’. Obedece a su lógica de que todo control es pernicioso así haga trastabillar la democracia, de la que tanto se ufana.

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No todo es color de rosa para Margarita. Se le sindica de ser protectora y protegida del intocable clan Char, un clan poderoso que hace y deshace con los recursos públicos en Barranquilla y el Atlántico y que tiene en la mira una aspiración presidencial; se le sindica de proteger a su amigo el senador Pulgar, el mismo que ofreció ‘200 barras’ para que un Juez de la República prevaricara y  con ello beneficiara a su compinche Acosta.

A este se le sindica de tener hijo y sobrino recibiendo a tutiplén contratos de obras públicas en Barranquilla (del Clan Char, claro); se le sindica de ser la carta de Duque y de Uribe para el manejo de la Corte Suprema y el Ministerio de Justicia, y por último, también es cierto que, según su discurso de posesión, en la Procuraduría se siente más como ficha de Duque, que como representante de la sociedad.

‘Nuestro Gobierno’ fue la expresión que más utilizó la Doctora Cabello en su discurso de posesión el día 15 de enero. Es decir, según su criterio hará parte del equipo del alto gobierno y sin embargo la Constitución dice que pertenece es a un órgano de control, y ella bastante bien que lo sabe. Y no solo eso. En los días siguientes defendió con todo descaro, con muy poca vergüenza, su posición al respecto. ¿Ejercerá funciones de control? No parece.

En los pueblos de La Guajira, cuando el interlocutor asume una actitud de descaro o de poca vergüenza ante una situación dada, generalmente se lanza la expresión: ¡Manda cachaza! Bien lo recordó el recién desaparecido compositor guajiro, Romualdo Brito López, cuando en la última producción de Silvestre Dangond hace que se escuche repetidas veces aquello de  “manda cachaza, la niña”.  

Por solo tocar un tema que rodea a nuestros funcionarios públicos, el de la corrupción, no puede ser que el alto gobierno no tenga quien lo vigile y controle: a pesar de la financiación de las campañas presidenciales, a pesar de Odebrecht, a pesar de Hidroituango, Reficar y el Cartel de la Toga, a pesar del espionaje a la Corte Suprema, a pesar de todo esto, no es posible que engavetemos procesos, que nos hagamos los de la vista gorda, que los peces gordos no caigan, que haya que pagar favores políticos con burocracia o que por ejemplo, la ñeñepolítica no avance, ni los procesos que afectan a los amigos, tampoco.

Si ese estado de cosas cambia siquiera un poco y la Doctora Cabello es todo lo independiente que manifiesta ser, digo yo que será la nieta preferida de La Guajira. Pero si no es así, seguiremos diciendo como Silvestre, Manda cachaza, la niña.