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Pobreza mental es el conjunto de actitudes y pensamientos negativos que algunas personas adquieren y mantienen en el curso de sus vidas, pese a que pueden tener un efecto contraproducente en su desarrollo personal, profesional y financiero.

En una ocasión escuché en una conferencia hablar que la pobreza es un estado mental y el conferencista explicaba cómo descubrir la pobreza en las personas, en la misma conferencia decía que un pobre tiene tres afirmaciones sociales de pensamientos negativos: la primera es “cómo hago para que me incluyan en los programas de subsidio del gobierno, ya que mi vecino está en dos y yo tan de malas que no he salido en ninguno”.

La segunda es “tengo un pariente que está bien y no me ayuda, es un ingrato conmigo” y la tercera “el día que me gane la lotería voy a tener de todo”, a estas afirmaciones le sumo dos actitudes que contagian y son: “la adicción a las respuestas” y “el mal uso del tiempo”.

La adicción a las respuestas, querer saberlo todo siempre, dejando al descubierto la ignorancia como parte de tu pobreza mental, que termina contagiando a muchas personas, sin percatarse de los síntomas que los aquejan. La segunda se justifica con un interrogante ¿sabía usted que el tiempo es la riqueza más grande del hombre? Cómo lo inviertas se convierte en un capital o en una miseria y los efectos marcan el destino.

Todas las manifestaciones epidemiológicas definidas como pobreza mental, comienzan asintomáticas y se descubre en el desarrollo del estilo de vida cotidiana que termina siendo una fuente de contagio para el enfermo.

El curso de tu vida te pone en un aislamiento anticipado porque suma síntomas agudos al desconocer la posibilidad de “indagar para aprender”, convirtiéndote en un “proponente ocioso” en plena actualidad virtual, donde la información va a una velocidad incontrolable, generando millones de contenidos digitalizados con el fin de ser utilizados en las redes sociales, la televisión y la radio. Contaminando muchas veces de contenidos improductivos a la luz de noticias fatalistas y novelas sin razonamiento.

Lo más grave es que la enfermedad termina en mano de personas o entidades con tinte de popularidad llamado “influencer” quienes terminan manejando nuestro tiempo involucrados en discusiones sin fundamento ganando batallas entre personas de una misma comunidad, convirtiéndolos en protagonistas de las redes sociales.

También malgastamos el tiempo en discusiones fundadas en la post-verdad (Información o afirmación en la que los datos objetivos tienen menos importancia para el público que las opiniones y emociones que suscita), proveyendo muchas veces la existencia de sicarios de la moral y del buen nombre cuando emitimos opinión desde perfiles falsos.

Como dice el viejo y sabio refrán “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”, ante la magnitud del contagio, existen antídotos para una cuarentena que demanda un confinamiento personal, dentro del cerco epidemiológico conocido como “círculo virtuoso” (es el vínculo de una serie de factores que conectado correcta y eficientemente conducen por lo general a resultados de excelencia. Contra viento y marea muchas veces), este estado de actitud mental, unido a las emociones, consigue trasformar la cotidianidad convirtiéndose en una vacuna efectiva contra la epidemia de la pobreza mental.

El hecho de que tomes conciencia de la utilidad del tiempo para desaprender hábitos como; la adición a las respuestas y no generar la creencia que todo lo sabes y convertir el tiempo en un capital productivo, es muestra que el tratamiento es efectivo porque comienzas a producir anticuerpos que te llevan al círculo virtuoso donde vive el lema, “si yo cambio el mundo cambia”.

Es importante aislarte de la gente tóxica de las redes sociales y de los grupos de WhatsApp, ya que muchas veces son la fuente de contagio de la mediocridad y la ignorancia.

Sugerencia para el tratamiento, utilice la virtualidad para formarse e informándose bien, haciendo un buen uso del tiempo e indagando sobre innovación y creatividad humana que nos sirva para trasformar la cotidianidad improductiva en emprendimiento productivo en lo cultural y formativo y, además, realizar de vez en mes pausas activas de desconexión virtual.

Estos consejos ayudan a superar la epidemia de pobreza mental, es importante que te animes a realizarte el auto examen para determinar si tienes los síntomas o no.

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