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Cerrejón avisó que saldrá de 450 trabajadores como manera de emparejar las cargas que arrastra y el pánico cundió en todo el departamento. El gobernador y los alcaldes brincaron y solicitaron audiencias con la multinacional para hablar sobre el asunto, le dirigieron Cartas a MinTrabajo para buscar mecanismos que amortiguaran el golpe y hasta Duque dijo que no se podía demeritar el papel que había tenido la industria minera en el desarrollo del país.

Hay que reconocer la importancia de la industria minera en el Departamento de La Guajira y también en el país. A La Guajira le ha cambiado la cara, aunque no se hayan logrado mejorar suficientemente los índices sociales. En el año 2019, Cerrejón aportó, 4.4 billones de pesos a la composición del PIB departamental y ya esto es mucho decir. Pero una cosa es el PIB como indicador de riqueza global y otra cosa los niveles sociales que seguimos arrastrando.

El PIB se disparó, pero seguimos siendo los mismos pobres de siempre, en los últimos lugares del país. Las estadísticas no mienten y nuestros municipios por muy carboneros que sean, siguen siendo pobres de solemnidad. La Guajira en el país solo es menos pobre que Vichada, Guainía y Vaupés.

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Pero el mundo está cambiando mucho en materia energética. El cambio climático que no solo se sabe que existe, sino que se siente en todo el planeta ha llevado a que se hable de una transición energética que se vuelve imperiosa si pretendemos un mundo mejor. Hoy por hoy, el cambio climático ocupa el primer puesto entre los graves problemas que afectan a la humanidad y al planeta por sus efectos medioambientales, sociales y hasta económicos.

Por todo ello el mundo avanza hacia la descarbonización de la economía. La Unión Europea se marca como objetivo el tener cero emisiones en el 2050 y en todas partes se habla de una transición energética, que es diferente en cada país pero que apunta a lo mismo: la transformación completa del sistema energético actual hacia un sistema sostenible, democrático y eficiente donde la energía utilizada sea cien por ciento renovable.

Por eso se repite que al carbón incluyendo al colombiano le llegó la mala hora. Por eso Glencore y su filial Prodeco hablan de abandonar las operaciones y devuelven Calenturitas y La Jagua. Y se dice que las multinacionales socias del Cerrejón ya comienzan (en el mundo) a desmarcarse del negocio del carbón.

Hoy en día se habla es de desinversión en el carbón; multinacionales que se retiran del negocio y financieras que le dicen “no va más” al negocio de energías no renovables. El Banco Mundial, por ejemplo, cerró todas sus líneas de crédito para el financiamiento de proyectos de exploración de carbón, petróleo o gas. Por todo eso, el negocio va en reversa.

Y si el negocio del carbón va en reversa en el mundo, también irá en modo reversa en Colombia y eso es lo que ya estamos sintiendo: Cerrejón que despide trabajadores por camionadas y multinacionales que devuelven licencias de explotación. Y en esas estamos, pero por favor, que no cunda el pánico.

Lo que necesitamos son estrategias para enfrentar la realidad. Las regalías del carbón y del gas bajarán irremediablemente hasta su desaparición; lentamente se irán como ya comenzaron a hacerlo las multinacionales. Urge la planeación estratégica del desarrollo de la región porque no es aceptable que estemos manejando índices de competitividad tan exiguos que solo nos permiten superar en el país al Chocó y a unos cuantos territorios conocidos antes como territorios nacionales. 

Si somos la región con mayor potencial energético a partir del aire y del sol, tendremos que utilizar ese factor para recuperar la vocación agrícola que es un sector de mayor utilización de mano de obra que la industria carbonífera, y este es solo un ejemplo.

Y antes de que desaparezcan las regalías también tendremos que garantizarle agua a la población; que se haga realidad lo de los acueductos municipales y los distritos de riego que acompañados del plan Guajira Azul, mejorará la productividad del agro en este nuevo modelo económico que se vislumbra para nuestro departamento y que pasa por generar encadenamientos productivos alrededor de la explotación de las energías no renovables.

Por eso comulgamos con lo recientemente expuesto por el Presidente Ejecutivo de la Cámara de Comercio de la Guajira: “es un imperativo ético con la población guajira, empezar a pensar, construir y ejecutar ese plan estratégico de reorganización de las dinámicas productivas del territorio “. 

Me atrevo a asegurar que si previamente se hace una concienzuda planeación estratégica del desarrollo, La Guajira vivirá mejores tiempos con la explotación adecuada de los inacabables recursos de aire y sol que con la explotación de los perecederos gas y carbón. Apostemos.

 

 

 

 

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