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La cuarentena ha impuesto en el mundo uno de los retos más severos en toda su historia. No ha sido fácil sobrellevar esta situación; este encierro al que nos hemos visto abocados para resguardarnos de un virus que por simple contacto se contagia y multiplica, regándose día tras día.

Si para países desarrollados la situación ha sido complicada, que queda para nosotros, cuando en otrora hemos sido dirigidos por gobernantes que han puesto sus miradas en sus bolsillos y en los de las personas y empresas que han patrocinado sus campañas.

Hay que reconocer que las cifras se han logrado contener, en comparación con otros países, en donde el virus convirtió sus territorios en un infierno; aun a pesar de la no atención del presidente Duque con el cierre de El Dorado. De haber atendido, la cifra hubiese sido mucho menor, así mismo su costo sacrificio.

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Cuando centro la mirada solo en La Guajira, departamento que debería estar nadando en riquezas, me asusto mucho más; no tenemos los recursos (no solo económicos) que demanda esta pandemia que se tomó al mundo. Con la experiencia vivida por aquellos vergonzosos acontecimientos que mostraron como la plata de los niños, que murieron por física hambre, entraron a llenar las arcas de unos descorazonados; por eso preocupa que la cura vuelva a ser peor que la enfermedad.

En cuanto a contagios, es preocupante el tema de La Guajira; de un lado tiene al Magdalena, tercer departamento con más casos en la Región Caribe, y por el otro la frontera con Venezuela y sus innumerables conexiones por trochas que hacen el control inmanejable.

Ya se presentó una situación de alguien en tránsito, que llegó desde Venezuela a Maicao y que murió en Barranquilla, tal como lo citó el portal www.laguajirahoy.com el pasado 8 de mayo en la nota “Tercera muerte por Coronavirus en La Guajira”. Ya hablamos de 54 casos confirmados, sin contar los asintomáticos que siguen regando el virus.

El tiempo sigue corriendo, el reloj no parará su marcha; por eso preocupa ver como diferentes líderes políticos aprovechan esta situación como oportunidad para generar emprendimientos que llenen sus bolsillos, escalar en las listas Forbes criollas y posicionar candidatos que puedan proyectarse en futuras campañas.

En otrora quedaron historias que mi papá me contaba, donde dibujaba al guajiro como un ser solidario y servicial; que se desvivía por sus amigos, por su familia. Parece que muchos están cambiando eso por un pedazo de papel marcado con un signo peso. No es posible que aquí se haya dilapidado tanto dinero y hoy tengamos paisanos mendigando un plato de comida.

Esta situación representa una oportunidad para reflexionar. Con el favor de Dios tendrá que mejorar pronto; pero en vano se vivirían estas duras experiencias, si seguimos el mismo camino, con el mismo egoísmo y la misma frialdad. Retomemos lo bueno que nos ha engrandecido a los guajiros, esa herencia de nuestros antepasados, corrigiendo lo que sabemos que está mal.

En esta tierra se ha vivido desde tiempos inmemorables del contrabando, producto de su posición geográfica; pero ahora que estamos en cuarentena, que hemos sufrido por depender de lo producido en otras partes, es hora de alentar nuestra propia producción, de intentar autoabastecernos, para traer de otras tierras sólo lo que aquí no logremos producir.

No podemos seguir dependiendo sólo de nuestros minerales; sobre todo cuando ellos han servido más para saciar la inmundicia de dirigentes corruptos y patrocinar grandes obras en otras geografías de nuestro amado país. A nosotros solo nos quedan las sobras, por no evocar las propicias palabras de Hernando Marín, y unas tierras inertes a las que les van acortando su capacidad de producir.

Tenemos que volver a mirar al campo, generar nueva fuerza de trabajo, educar mejor a nuestros coterráneos, crear nuevas empresas en donde el guajiro produzca para colmar las necesidades del departamento, y poder en lo posible cubrir a otras regiones y exportar al mundo.

Tenemos que aprovechar esta experiencia para que no pase en vano. En mi caso personal la estoy aprovechando como una oportunidad para reencontrarme, reinventarme, hacer un alto en el camino y volver fortalecido; muestra de ello será el libro que estoy escribiendo: “Aprovechándome del Coronavirus”. Así espero e invito que lo hagamos todos, porque ya nada será igual, pero espero que mañana podamos decir: Ahora es mejor.