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Desde la crisis de institucionalidad que enfrentó el departamento de La Guajira y su capital en los últimos años y que al parecer momentáneamente se estabiliza, hemos podido evidenciar drásticamente el giro de 360 grados que se le ha dado a todos los sectores sociales.

Se hace énfasis especialmente en el sector de la economía siendo este el que negativamente ha caído en picada por diversos factores que impiden prosperar bajo un panorama de elevadas responsabilidades fiscales, mobiliarias y de servicios públicos, que no le facilita tener un flujo de caja equilibrado que se distribuya entre ganancias y obligaciones contractuales.

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Como parte de la generación que recién se catalogó como Millenials, cuya característica destacable, haciendo énfasis en su génesis, es que creemos que el futuro existe aún cuando en el trasegar del tiempo nos ponen barreras y nos llevan a dudar del mismo al igual cuando se nos niegan oportunidades para emprender nuestro propio futuro.

Esto nos ha conllevado a técnicamente emprender un maduro camino que nos ha ayudado a respondernos preguntas epistemológicas para comprender la realidad y, por ende, a buscarle sentido al ¿Quién soy?, como lo planteó en sus tiempos el famoso filosofo Sócrates.

Más allá de identificarme con el nuevo paradigma creado por la sociedad, y sentando como precedente mi aptitud crítica y constructiva en la dinámica actual, he crecido y he visto cómo en el Departamento, del que todos sacamos pecho por sus hermosas playas y paraísos naturales, por su gente con don de hospitalidad, no sacamos pecho para enfrentar las dificultades que impiden el desarrollo tanto del Departamento como del Distrito.

Adoptado por esta región por más de 15 años, he podido evidenciar el desarrollo y fortalecimiento económico del distrito de Riohacha, empezando con las Pymes y Mini pymes que se encuentran principalmente en la carrera 6, entre calles 5 y 10, donde normalmente es el sector del centro en su aspecto comercial.

Sin embargo, todo esto que categorizo como crecimiento comercial, en su mayoría, lo podría encontrar en un fascinante pasaje de Macondo con Gabo o tan solo dejarlo en una utopía social.

Según un estudio del Dane, que se basa en la participación nacional de los departamentos midiéndolos por medio del crecimiento del PIB, en 2018 provisionalmente La Guajira aportaba el 1.20 % a nivel nacional.

Después de toda esta crisis institucional que parece calmarse, estamos en un nuevo panorama de crisis de salud por la pandemia del Covid-19.

Si bien podemos evidenciar, antes de todo esto, la recesión económica y desocupación acelerada de locales comerciales en el centro del Distrito, es preocupante que la recesión mundial y nacional, por esta coyuntura, la desocupación y la informalidad se aumente de manera desproporcional.

Por tal motivo, si no se pudo activar la economía con los problemas de desarrollo fiscal de ese momento, será mucho más difícil reactivarla con las variables de salubridad que actualmente se presentan.

Tenemos algunas variables que comprometen el desarrollo económico. Como dejar atrás el centralismo histórico que nos ha identificado por décadas, también una administración Distrital tibia que, aunque apenas lleva 5 meses de gestión, ha demostrado su desorientación en el manejo de todo lo concerniente a salvaguardar, en cierta parte, las necesidades primarias a los estratos más bajos, garantizándole su seguridad alimentaria y acceso a servicios fundamentales.

No dudo en la capacidad de mi gente pujante, de la administración departamental, pero si me preocupa sobremanera que, si esta situación de desequilibrio social y económico persiste, las futuras generaciones nos veremos amenazadas y nos tocará afrontar, como lo hemos venido haciendo, grandes problemáticas como la recesión económica y falta de oportunidades.

Enfáticamente, hago un llamado de atención para poder garantizar la integridad y dignidad humana a las personas de menos ingresos del distrito. De igual forma, invito a buscar alternativas económicas ante organizaciones, como Bancoldex, para reactivar la economía y que podamos ser tan pujantes en el desarrollo del tiempo post Covid-19 logrando que la utopía que planteo se vuelva una realidad.