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Los reproches al mal chiste de Fabio Zuleta originaron que él pidiera disculpas públicas como tenía que hacerlo; pero surge aquí la pregunta; ¿cuándo la pedirán los que han provocado el exterminio de la etnia Wayúu por hambre y sed?

Y sí, razones tienen las autoridades Wayúu para sentirse ofendidos con la entrevista que Fabio Zuleta y un supuesto Palabrero de esa etnia.

En el país conocemos a Fabio Zuleta como un contador de chistes, anécdotas de humor y vivencias cotidianas con una marcada tendencia hiperbólica, que han trascendido de las parrandas a los programas de radio y televisión y esto es a lo que él se ha dedicado en su trayectoria humorística – folclórica, tratando de hacer reír con un estilo de humor criollo que hoy le ha jugado una mala pasada, al desbordar las líneas rojas que este arte no debe rebasar.

El contexto y la intención real dentro del cual se hace dicha entrevista es el propósito fracasado de hacer humor, de eso las pruebas son contundentes, entrevista esta que hubiese podido no perder su rumbo adentrándose en la denigración y la ofensa, si el supuesto Palabrero al responder hubiese explicado a su burlesco entrevistador la manera de formalizar el matrimonio en la etnia Wayúu, convirtiéndose entonces en el peor de los chistes de Fabio Zuleta en su trayectoria de buen o mal humorista haya narrado.

Lo expresado amerita esas manifestaciones en defensa del más preciado género de esta etnia que es la mujer, tanto así que su cimiento familiar es de índole matriarcal por todo lo que ellas representan en esa cultura milenaria.

Cultura que también ha establecido los canales y conductos para resolver dentro de sus usos y costumbres ancestrales, los conflictos y ofensas.

En este caso la ofensa no se ha realizado a una persona o familia Wayúu en particular, la falta como así la denominan ellos, es de carácter y referencia general, es decir a todos sus integrantes, por lo que la deben enfrentar y exigir su reparación una o varias instituciones que representen al colectivo ofendido.

Y cómo la misma es al buen nombre y a las sanas costumbres, lógica es que el resarcimiento tiene que ir directamente a la reparación del bien intangible que afectado, de acuerdo al análisis que deberán hacer los sabedores de estos temas.

Pero con lo que si difiero es con las opiniones de oportunistas que tratan de hacer protagonismo y hasta proselitismo afirmando sin base y elementos de tipificación penal alguna, sin la realización o concreción material de conducta atípica alguna, que el humorista y su entrevistado estaban fraguando el abominable delito de trata de personas, pedofilia y el secuestro de personas menor de edad; entre otros.

Menos aún puedo compartir otros desacertados comentarios en donde se trata de mezclar a los artistas de la familia Zuleta extendiéndoles a ellos la sanción moral, la censura y el reproche de este mal chiste de Fabio, porque de ser así seguiríamos tratando de establecer y elevar  al grado de consanguineidad los hechos individuales que particularmente cometan las personas.

Pienso que es la oportunidad, para afianzar aún más los fundamentos pedagógicos del derecho consuetudinario tan ligado a la sociedad Wayúu en ocasión de su fundamento en la oralidad y así de paso revisar si la figura de la Dote en la que se cimienta y es parte principal del matrimonio Wayúu, amerita claras reglas para esta sociedad clanil en donde ocurren con frecuencia abusos al concertar la unión matrimonial, sobre todos cuando se hace con personas sin ningún arraigo y/o apego a esa cultura.

Recuerdo siendo niño y porque me impresionó mucho, un caso estando en mi pueblo, un señor debajo de la sombra del palo de higuito enfrente de la casa de mis padres, mostraba su cuerpo con secuelas, que según él le había ocasionado una mujer de la etnia Wayúu, menor de edad, a la cual se unió bajo las ritualidades del matrimonio.

En el día anterior se había realizado la entrega de la respectiva Dote a los tíos maternos de la agraciada Majayut, pero al día siguiente la tuvo que devolver porque en la noche cuando trató de consumar el matrimonio en vez de una sumisa y obediente esposa, lo que encontró fue a una valerosa mujer que no permitió ni un solo instante sus caricias.

La joven estuvo siempre renuente a tener relaciones con el señor, que recuerdo podría no solo ser su padre, sino su abuelo, además no era de su raza, en donde el consentimiento de ella no se tuvo en cuenta, ya que el acuerdo fue con sus tíos maternos a los que a la final les tocó devolver la Dote.

Años después conocí a la agraciada Wayuu con varios hijos producto de su relación consentida y en donde ella solicitó a su Mamá que en aras de su voluntario amorío hablara con sus tíos maternos para renunciar a la Dote, ya que su prometido no tenía la cantidad de dinero, collares, mulas, caballos y chivos que sus tíos maternos consideraban se requerían para cristalizar el matrimonio y tener dichos bienes como respaldo para las futuras eventualidades y asegurar la subsistencia de la unión en caso de abandono.

En efecto se renunció a la Dote y se casó dentro de los rituales con un excelente hombre, contemporáneo con ella, de su misma raza y por el cual desde niña siempre sintió admiración y respeto, casos de estos o similares se deben analizar con rigurosidad para que la dignidad y el valor cultural de nuestra etnia indígena no sigan convirtiéndose en estos malos chistes, que muchos al igual que Fabio cuentan y que hoy ¡deploramos!

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