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El primero de julio representa para muchos guajiros la pujanza de su gente, el progreso de una nación en el ámbito cultural, esa historia marcada con sabor a la libertad que nos recuerda el año 1965, cuando un hombre llamado José Ignacio Vives Echeverría, fundó nuestro departamento convirtiéndose en el primer Gobernador.

La Guajira, aunque está muy lejos de la modernidad del siglo XXI, es el lugar de los ensueños, adornado por hermosas playas cristalinas, montañas de arena, un desierto árido con la combinación perfecta de sus dunas, además de la riqueza de su flora y fauna. Asimismo, caracterizada por la etnia milenaria wayuu, concentrados en mayor parte en el municipio de Uribia, capital indígena de Colombia.

Hoy en sus 55 años de fantasía y realidad, solo quiero resaltar lo que para mí es gratificante señalar y recordar, la belleza exótica de un departamento que ha aportado mucho al país, nuestra Guajira grande “la dama reclinada, majestuosa, encabezando el mapa cual pedestal representando a un reino”. Esta es una de las tierras del folclor, que mantiene la memoria de cantantes de vallenato como Diomedes Díaz, Jorge Celedón, Silvestre Dangond y otros más que indudablemente macaron de manera positiva el corazón de mucha gente.

Nuestra tierra, la de los turistas que recorren kilómetros para conocer el paraíso azul (Cabo de la Vela), la de los empresarios que “invierten en la región” porque desde su fundación La Guajira ha sido escenario de grandes acontecimientos históricos; por ejemplo, el auge que tuvo alrededor de 1967 la producción de sal en el municipio de Manaure la ‘tierra del oro blanco’.

En aquel tiempo una planta de soda llamada Álcalis en Cartagena producía sal refinada y esto significó la esperanza de muchas familias wayuu, ya que se enviaban toneladas de este producto por barco hasta la heroica, pero años después se cerró. Seguramente, en las Salinas de Manaure quedaron muchos sueños estancados, miradas perdidas en el vacío, los mejores recuerdos en muchas personas que dejaron el eco de sus risas en cada montaña de sal.

Por otro lado, otro hecho se remonta hacia 1976 cuando se descubrió el gas natural en el pájaro corregimiento de Manaure, conocido por nuestros abuelos wayuu como ‘Yosulu’ (entre cardones). Por años la empresa Chevron estuvo liderando ese gran hallazgo, pero hoy solo queda su legado en la región y surgen nuevas esperanzas para nuestro departamento con la llegada de Hocol.

Asimismo, los ochenta representan el acontecimiento económico más importante en La Guajira, con el inicio de la explotación de carbón mineral en el Cerrejón, la Mina a cielo abierto más grande del mundo que encierra muchas historias que no trataré en este texto.

Cada uno de los momentos descritos forman parte del pasado y presente de nuestro departamento, estoy segura de que la Guajira tiene más hechos históricos que merecen ser recordados. En 55 años se han tejido sueños, se han perdido esperanzas, algunos se han ido y otros han llegado. ‘Los guajiros’ hemos superado con valor los momentos difíciles que ha pasado nuestra tierra, algunos seguimos soñando en medio de esta pandemia con una Guajira más prospera, la “tierra que mana leche y miel”.

Hoy solo queda dar gracias a la tierra que nos vio nacer, que paradójicamente con tan poco nos ha dado mucho, agradecer, por la sal de Manaure, el carbón de Albania, por nuestro paraíso azul en el Cabo de la Vela, por el festival de la cultura wayuu en su lucha por conservar las costumbres ancestrales de su gente en la capital indígena (Uribia).

Por el comercio que ofrece Maicao y sus diversas culturas, por la ‘cuna de acordeones’ en Villanueva, por los flamencos del municipio de Camarones, y por nuestra hermosa Riohacha turística, capital de este departamento.  

¡Feliz quincuagésimo quinto aniversario!

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