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¡Quien al tiempo de ganar no supo el modo, a la hora de perder lo pierde todo!

Como lo avizoró oportunamente el expresidente de El Cerrejón Guillermo Fonseca “el carbón está en declive y la compañía está sufriendo” y lo que es más grave, estamos “en el lado equivocado del Canal de Panamá” por donde toca transitar para llegar al último reducto de nicho de mercado que le está quedando al carbón, que es el mercado asiático, en donde nuestros carbones no son competitivos por los altos fletes.

Y fue más lejos en sus malos presagios, al señalar que estamos ante “una contracción estructural”, advirtiendo además que “en los próximos 5 años la demanda de carbón del mercado del Atlántico (Europa, Mediterráneo y las Américas) y que es nuestro mercado natural se va a contraer a la mitad”.

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Los hechos son tozudos, estamos en presencia de una realidad incontrastable, una reconfiguración del mercado que no favorece los carbones de Colombia. En ello no habrá marcha atrás.

En estas circunstancias, soy muy escéptico y abrigo mis dudas sobre el anunciado proyecto de explotación de carbón en pequeña escala en el Corregimiento de Cañaverales, Municipio de San Juan del Cesar (La Guajira) por parte de la empresa Best Coal Company SAS, conocida como BCC, filial de la multinacional turca Yildrim Holdings. Es como si alguien llega a una fiesta cuando esta ha concluido y sólo queda de ella la resaca después de la juerga.

En este contexto y con estos antecedentes no sorprende la decisión tomada por la multinacional Glencor de abandonar sus operaciones, después de haberlas suspendido temporalmente y devolverle el título minero de Calenturitas y La Jagua en el Departamento del Cesar por parte de su filial Prodeco a la Agencia Nacional Minera (ANM), al considerar que “el reinicio de las operaciones mineras no resulta económicamente viable”.

Este hecho, que estuvo antecedido por el cierre de las minas de El hatillo y La francia, en el Paso (Cesar) por parte de la multinacional Colombian Natural Resources (CNR), no es un asunto menor, estamos hablando de la tercera empresa productora/exportadora de carbón, participando con el 25 %, con 15.3 millones de toneladas en 2019, sólo superada por Drumond.

Por su parte, Cerrejón, de la cual su matriz Glencore posee el 33.3 % de participación accionaria. Prodeco, además, es la segunda empresa en generación de empleo en el Cesar, después de Drumond, con 4.500 operadores, de los cuales 1.200 son por contratación directa. Tanto el Departamento, como los municipios de La Jagua y Becerril, que recibieron en el bienio 2019 – 2020 COP $65.000 millones y COP $15.000 millones, respectivamente, verán menguados sensiblemente sus ingresos.

Hay que ser conscientes de que está en curso una estampida de las principales empresas carboníferas, de la banca y de los fondos de inversión, que están abandonando y desinvirtiendo en esta industria y que esto no es algo aislado ni coyuntural.

Es muy diciente que los tres socios del consorcio de Cerrejón, la australiana BHP Billinton, la suiza Glencore y AngloAmerican del Reino Unido están partiendo cobijas con el carbón, desmarcándose del mismo. La primera de ellas en romper fila, presionada por sus inversionistas, fue la Billinton, la empresa minera más gigante del planeta, para adherirse al Acuerdo de París, al decidir reconocer el Cambio climático y manifestar su “renuncia al Carbón”.

Además, se retiró de la Asociación Mundial del Carbón por su discrepancia con respecto a la política a seguir contra el calentamiento global. Estamos, pues, notificados sobre lo que se le viene a Colombia pierna arriba.

Así las cosas, como lo hemos venido planteando desde hace mucho rato, Colombia debe emprender cuanto antes un serio compromiso de diversificar y desprimarizar su economía, única ruta para un mayor y mejor crecimiento, sostenible e incluyente además. Esta es una empresa de largo aliento que debe comprometer todas las energías de todos, empezando por la recuperación y posterior reactivación de la economía, una vez superada la crisis pandémica.

Y en el plano regional, los departamentos de La Guajira y del Cesar, que tanto dependen de la minería del carbón, 43.9 % y 36.7 del PIB, respectivamente, deben acometer, con el apoyo del Gobierno central, acciones urgentes para contrarrestar el devastador efecto del ocaso de la industria del carbón, impulsando proyectos agrícolas, emprendimientos empresariales y el turismo para morigerar su impacto.

Es fundamental implementar rápidamente un programa de reconversión laboral, que permita la reubicación de quienes han quedado cesantes y de quienes perderán próximamente su empleo y su ingreso. ¡Asumamos el reto!