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Según el más reciente informe de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), el volumen de reservas probadas de gas cayó 7 % en el 2020 con respecto al 2019, pasando de 3.16 TPC a 2.94 TPC y de una relación reservas / producción (R/P) de 8.1 años a sólo 7.7 años, que se pasan volando.

Hemos pasado de un mercado de oferta, en el que abundaba el gas natural a otro de demanda, de escasez, dado que desde el año 2012, cuando las reservas probadas llegaron a su punto más alto al registrar 5.7 TPC han venido en declive poniendo en riesgo el abastecimiento del consumo interno de gas.

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Ello obedece a que después de los descubrimientos de gas natural offshore en La Guajira y posteriormente en el pie de monte llanero, no hemos vuelto a tener otro hallazgo de su importancia. Los campos de Ballena, Riohacha y Chuchupa, que llegaron en un momento dado a suministrar hasta el 80 % de gas que consumía el país hace rato viene en franca declinación y lo propio podemos decir de Cusiana y Cupiagua en los Llanos, sin encontrar otros yacimientos que los releven.

Para suplir el déficit en el abastecimiento de gas, cuando por motivos de hidrología crítica se requiere que las térmicas a gas entren a operar, se ha tenido que recurrir a la importación del mismo, para lo cual se dispone de la planta regasificadora de El Cayao en Mamonal (Cartagena).

Coincidiendo con el escritor Humberto Eco en que “si uno se entera del pasado, muchas veces entiende lo que puede suceder”, nos permitimos volver sobre los antecedentes y el decurso que ha seguido la industria del gas natural en Colombia. Empecemos por decir que en 1972, el entonces Presidente de Ecopetrol Mario Galán Gómez, padre del inmolado Luis Carlos Galán Sarmiento, en su Informe a la Junta directiva de la empresa vaticinó que Colombia perdería la autosuficiencia petrolera hacia el año 1975, como en efecto ocurrió.

Lo corroboró Jaime García Parra, tercer ministro de Minas y Petróleo del Presidente López después de Eduardo del Hierro y Juan José Turbay, “Colombia, que durante 50 años fue exportador de petróleo, ha dejado de serlo. Hoy somos y seguiremos siéndolo por años, importadores de combustible, con resultados difíciles de asimilar”.

En efecto, la importación de crudo se prolongó por una década, hasta que se nos apareció la virgen con el hallazgo de Caño Limón primero (1983) y de Cusiana después (1990) y desde entonces hemos estado en rogativas a la ahora Virgen y Santa Madre Laura para vez si nos topamos con otro hallazgo tan formidable como estos, para espantar el fantasma de la importación de crudo dado que las precarias reservas con las que contamos a duras penas nos alcanzan para 6.3 años (¡!).

Ello se tradujo en una fuerte presión tanto comercial como fiscal; entre 1976 y 1985, por cuenta de la importación de crudo, la balanza comercial tuvo un déficit de del orden de los US $5.000 millones.

Al ex presidente Alfonso López Michelsen le correspondió capear este temporal y para fortuna de su Gobierno y del país el año anterior a su posesión se dio el descubrimiento del más gigantesco campo de gas en Colombia en La Guajira por parte de la Asociación Ecopetrol – Texas, convirtiéndose esta en su tabla de salvación.

 

 

Así nació y creció la industria del gas natural en Colombia, la cual puede catalogarse como una historia de éxito, en la que jugó un papel muy protagónico el ex ministro de minas y energía Guillermo Perry Rubio, quien con su estrategia del Gas para el cambio masificó su uso en Colombia.

Pero ello no hubiera sido posible sin la construcción del gasoducto para transportarlo desde Ballena en La Guajira hasta Barrancabermeja en Santander y allí empalmar con la red de gasoductos y poliductos del interior del país.

Los hogares con el gas domiciliario, los propietarios de los vehículos con el gas comprimido, la industria y la generación de energía han sido los grandes beneficiarios de esta que se convirtió con los años en una Política de Estado.

Por ello, ahora que el gas natural escasea y las alarmas están encendidas, el país tiene sus ojos puestos nuevamente en La guajira, costa afuera, en donde fue descubierto en el 2014 un gran prospecto en el denominado Bloque Tayrona, bautizado con el nombre de Orca, en aguas profundas, apenas a 40 kilómetros al norte de la orilla de nuestro mar Caribe.

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