Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son responsabilidad exclusiva de los autores y no representan necesariamente la posición oficial de laguajirahoy. Escríbale al autor a [email protected].


-Publicidad-
-Publicidad-

El significado etimológico de la palabra democracia ha sido rebasado por la práctica social. Ya eso que dijera Lincoln en 1863, “La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” sigue siendo una especie de eslogan bonito pero al que hay que desmenuzar en cada país y en cada región para entender realmente si el gobierno que nos toca año tras año lleva aparejado el calificativo de democrático.

Hablar de democracia no sólo implica considerar ciertos procedimientos para escoger y controlar el poder político, sino que implica también objetivos y resultados, tales como el desarrollo económico, la justicia social o la igualdad. Ya el voto solo no es la esencia de la democracia, también lo son las diferentes formas de participación social, el respeto a los derechos y a las libertades y la capacidad y voluntad de los gobiernos para implementar medidas para la ciudadanía.

Una cosa es la democracia formal, la que aparece en la constitución y las leyes. Otra es la democracia real, la que se siente y condiciona nuestra vida diaria. Por ejemplo, puede existir la norma de revocatoria del mandato a gobernantes pero, en el país, nunca ha fructificado una revocatoria. Todo porque está hecha para que la democracia real no funcione. Nuestros legisladores lo saben.

-Publicidad-

Por lo anterior, la democracia de una región o un país se mide constantemente para determinar si hay avances, estaticismos o retrocesos. Esto es lo que viene haciendo The Economist Intelligence Unit (EIU) desde el 2006: mide el denominado Índice de Democracia con el que clasifica el funcionamiento de las democracias en países del mundo a partir de una serie de indicadores para asignarles una “calidad” democrática.

A partir de cinco características y sesenta indicadores determina cuatro calidades en los países, a quienes denomina como democracias plenas, democracias defectuosas o imperfectas, regímenes híbridos y regímenes totalitarios. Los resultados del año 2020 muestran que el continente americano solo aparece en democracia plena representado por Canadá, Uruguay, Chile y Costa Rica. Colombia, como suponíamos, aparece como democracia imperfecta o democracia defectuosa.

Y las características que maneja son: proceso electoral y pluralismo, participación política, cultura política, libertades civiles y derechos humanos básicos y calidad de funcionamiento del gobierno. Estas características son las que nos hacen darle la razón a The Economist en cuanto a la calidad de nuestra democracia nacional, pero también a asegurar que, si Colombia muestra una democracia defectuosa, nosotros, en nuestra Guajira, mostramos una democracia de pacotilla.

Esto, porque en referencia a la realidad nacional nos movemos en categorías inferiores, somos de estrato bajo. Nuestros procesos electorales están plagados de vicios de siempre como aquello del voto comprado y demás delitos electorales que hasta a un gobernador hoy en fuga, llevaron a la cárcel. El proceso electoral en La Guajira, sobre todo el del manejo del elector Wayuu del cual somos responsables todos, merece propósitos de enmienda. Si en algunas regiones puede primar el voto de opinión, en La Guajira gana el voto negociado.

En cuanto a participación y cultura política tampoco somos de los mejores porque nuestra sociedad civil no participa y casi ni opina acerca de las decisiones de gobierno. Por mucho que tal como dicen las normas, tenemos el derecho de participar, nosotros, los guajiros, no decimos aquí estamos. Ni siquiera para protestar. Le hacemos la venia a la clase política porque aspiramos a que algo se nos pegue. Creemos que solo con el voto se hace participación y aun así no lo utilizamos como sanción social.

Del alcance de libertades civiles y derechos humanos básicos mejor no digamos nada porque basta con recordar el estado de cosas inconstitucionales que pesa sobre la comunidad Wayuu, parte fundamental de nuestro territorio y que ha dado origen, entre otras, a la expedición de la Sentencia T-302 de 2017.

Y en lo que concierne a calidad del funcionamiento del gobierno, si bien no nos diferenciamos mucho del gobierno nacional en cuanto a síntomas como corrupción generalizada, clientelismo hasta en los tuétanos, poca independencia de los poderes públicos, eliminación en la práctica del sistema de pesos y contrapesos y desconocimiento generalizado de derechos, si podemos decir que somos tan parecidos que hasta nos confundimos. A lo mejor somos peores porque ninguna región en el país nos iguala cuando comprobamos que la mayoría de nuestros gobernantes departamentales en el presente siglo han ido a parar con sus huesos a la cárcel. Supongo que no será por la buena gestión adelantada.  

Por lo expuesto, si Colombia aparece en las investigaciones mundiales como una democracia defectuosa, la democracia que sobrellevamos en La Guajira, la nuestra, la de todos los días, es una democracia de inferior calidad, de poca monta, como construida sin esmero y sin dolor de patria. Es una democracia de pacotilla.

 

 

 

 

 

-Publicidad-