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Dicen que en casa de herrero, el tuerto es rey y eso es lo que ha venido sucediendo hace muchos años en nuestro querido departamento.

Nos han hecho creer que el mayor valor lo tiene el dinero y que en la vida lo que vale es eso, no importa a qué costo se tenga que conseguir.

La Guajira ha tenido un sinnúmero de bonanzas económicas, desde el café, la marimba, el comercio de Maicao, el carbón hasta llegar a la política, la más duradera y apetecida de todas, hoy más vigente que nunca y haciendo estragos, aún a costa de la pandemia.

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Considero, sin temor a equivocarme que la pandemia en Colombia, ha sido como navidad para los políticos, se les apareció Papá Noel. En nuestro departamento, esta última bonanza viene primando y siendo peleada por unos cuantos, quienes están sabiendo aprovechar sus relaciones con el gobierno central, para ejercer el control en sus regiones.

Es triste ver como en nuestro Departamento se sigue muriendo la gente de física hambre, teniendo riquezas por doquier, tierras para producir alimento, agua dulce y salada para que brote la riqueza que nos ha regalado el creador.

Y si con esto fuera poco, vemos como personas que hace uno o dos periodos electorales eran simples personajes de la vida cotidiana hoy sobresalen como nuevos ricos, al mejor estilo de Pablo Escobar o de Gonzalo Rodríguez Gacha.

Estos nuevos ricos sin el mínimo pudor, demuestran a diestra y siniestra que son dueños de abultadas chequeras, levantando castillos, ahí en el mismo lugar en donde muchos de quienes lo eligieron, tienen que escoger cuál de las tres comidas del día no consumirán.

Escucho decir a muchos que somos merecedores de nuestro destino, que cada uno de nosotros obtiene lo que merece y la verdad es que pongo este pensamiento en duda. Yo soy consciente de ello, por lo tanto considero que merecemos otras oportunidades, que tenemos derecho a soñar con un mejor vivir, con bienestar, con un mejor futuro; pero aún más, a hacerlo realidad.

Sé que no es solo en La Guajira, no solo es en Colombia, es en todo el mundo en donde se da ese pacto entre gobernantes para repartirse la torta, y que de ella brindan su bocado a los entes de control para que la torta no les ocasione indigestión.

Allí más nadie tiene derecho y quienes lo logran, es porque han encontrado la forma de simpatizar a través de relaciones ocultas e indecentes, que les abren las puertas del poder y le aseguran su pedacito del pastel.

Este no puede seguir siendo el presente de nosotros los guajiros, tenemos que despertar. Somos personas capaces, inteligentes, creativas, elocuentes, persistentes y comprometidas. No podemos seguir dejando que unos cuantos con su demagogia nos envuelvan para seguir robando lo que es nuestro, mucho menos que nos vengan a contentar con las migajas de lo que a nosotros nos pertenece.

Comencemos a leer, comencemos a estudiar, despertemos, no podemos seguir siendo la cenicienta en este país, cuando sabemos que lo que tenemos es nuestro, que nada nos tiene que ser regalado, reclamemos lo que es nuestro, pero teniendo en cuenta que La Guajira no será para unos cuantos, que ella es de todos los que nacimos, vivimos, respiramos, amamos y sentimos a nuestro departamento.

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