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Este 24 de julio se conmemoran 197 años de la hazaña del Almirante guajiro José Prudencio Padilla López en el Lago de Maracaibo, en donde se libró una feroz batalla naval entre las fuerzas sutiles patriotas bajo su mando y una escuadra de la Armada de la Corona española, volviéndola trizas y consolidando con su fulgurante victoria en el mar las albricias de la derrota infligida a los realistas en tierra firme.

El 20 de julio de 1810 y el 7 de agosto de 1819 son dos hitos históricos de nuestra naciente República, fueron los albores de la independencia recién alcanzada del sojuzgamiento de los territorios que hacían parte hasta entonces del Virreinato de la Nueva Granada.

Pero sería sólo el 24 de julio de 1823 cuando, después de una porfiada lucha entre patriotas y realistas, que se trenzaron en una cruel y cruenta batalla, los primeros por conquistar su libertad y los segundos por aherrojarlas, fue posible pasar del grito de independencia al afianzamiento y ejercicio de la misma. 

No tardó en abrazar la causa de la emancipación, después que conoció al Libertador Simón Bolívar en 1813. Entre las batallas que enfrentó se cuenta la que libró durante la resistencia del sitio de Cartagena por parte de las tropas españolas expedicionarias, al mando nada menos que del Pacificador Pablo Morillo, que durante 105 días con sus noches, estuvieron empeñadas como lo estaban en reconquistar el dominio sobre sus antiguas colonias.

Participó también en la Batalla de Angostura en julio de 1817, al término de la cual es ascendido a Capitán de fragata. Más adelante, fue muy activa y altiva su participación en la batalla de la Laguna Salada, en las goteras de su natal Riohacha, liberando a esta de la coyunda realista el 25 de mayo de 1820.

Más tarde, el 4 de mayo de 1821, fue la retoma de Cartagena por los patriotas después del sitio y ocupación por parte de las fuerzas realistas. Y allí también estuvo Padilla para derrotar, como las derrotaron, estruendosamente.

Pero, definitivamente, la batalla del lago de Maracaibo fue en los mares, lo que la batalla de Boyacá en tierra firme, sin el triunfo de aquella, no se habría podido consolidar ni recoger los frutos de esta última.

El Mariscal de campo Francisco Tomás Morales, el último español en ocupar el cargo de Capitán General de Venezuela y el Almirante Ángel Laborde, su brazo derecho, fueron quienes le hicieron frente a la ofensiva patriota, comandada por el avezado combatiente en los mares el Almirante José Prudencio Padilla, el 24 de julio de 1823 en la batalla naval del Lago de Maracaibo.

En medio del fragor de la guerra por la independencia y pese a los reveses de sus diezmadas huestes, en una actitud temeraria Morales lanzó una contraofensiva con el propósito de recuperar el terreno perdido, abrigando la esperanza de que muy pronto arribarían los refuerzos que había solicitado desesperadamente a Cuba. Estos nunca llegaron o por lo menos no los que esperaba para emprender semejante aventura, que por lo demás estaba condenada al fracaso.

Maracaibo, que se había convertido en santuario de los realistas, cayó en manos de los patriotas, luego de la capitulación por parte de Morales el 3 de agosto, abandonado a su propia suerte por parte de Laborde, quien se replegó con lo que le quedaba de su averiada escuadra hacia Puerto Cabello, hasta donde fueron perseguidos por los patriotas, obligándolo a zarpar hacia Cuba.

El Almirante José Prudencio Padilla López, el Nelson colombiano, como lo calificó el Libertador Simón Bolivar después de su proeza, se coronó de gloria en la batalla del Lago de Maracaibo y desbrozó el camino para la independencia definitiva.

Ello le mereció su ascenso a General de División y fue condecorado con la medalla de oro al mérito. Y no es para menos, pues su victoria en el Lago de Maracaibo se constituyó en el punto de inflexión y en la piedra angular de la independencia de las cinco naciones hispanoamericanas que libertó Simón Bolívar.

De este modo, nimbado por la gloria, Padilla se constituyó en uno de los artífices de nuestra primera República.

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