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Uno de los aspectos más sagrados en nuestra región es justamente la solidaridad y el acompañamiento a nuestros familiares y amigos en los momentos luctuosos; de tal manera que para los dolientes sentir ese abrazo cálido y muchas veces sincero de quienes acompañan a unas exequias, un novenario, eucaristías de cada mes, aniversario y durante el proceso de duelo, es realmente reconfortante.

Ni qué decir de las personas cuyos afectos con los familiares del difunto son tan cercanos, que se llega a sentir un compromiso tan grande que alcanza el nivel del Deber; y es así como no nos importa viajar de un municipio o departamento donde nos encontremos, solo para acompañar a la familia en su momento de dolor.

En el Departamento de La Guajira, esto cobra singular importancia, son momentos que mueven nuestras fibras y que se van convirtiendo en una verdadera tortura ahora cuando nos vemos limitados a unos mensajes por WhatsApp, a seguir las Eucaristías por Facebook y en medio de estas, escribir un mensaje que muchas veces produce desconcentración, así como en algunos casos, realizar una llamada telefónica.

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Dentro de las etapas del duelo, al inicio de este proceso hay unos momentos muy difíciles que son las exequias que impone el desprendimiento de ese ser querido cuyo cuerpo va a ser sepultado en una fría bóveda o debajo de la tierra; solo en casos excepcionales se usa en nuestros coterráneos la cremación de los cuerpos; y justo en esos momentos es donde nuestro arraigo cultural se hace un tanto sutil al permitirnos desconectar por instantes nuestro corazón de nuestra mente en esas difíciles circunstancias.

En algunas regiones del país no se entiende nuestra costumbre en La Guajira en cuanto al manejo de los momentos luctuosos y hasta se nos critica la atención que le brindamos a quienes nos acompañan, pero realmente ello no solo está arraigado a nuestro sentir, sino que es un aspecto bondadoso de la misma, que nos permite compartir las ocupaciones entre recibir las manifestaciones de pesar.

Coordinar las atenciones, es decir, abstraernos de la cruda realidad, así eso implique onerosas actividades, y créanme, es invaluable poder tener esos espacios y en lo último que se piensa es en los gastos que se generen, además, en nuestra cultura no solo nos preparamos para afrontarlo, sino que en algunos casos, contamos con la generosidad de la familia extensa.

Actualmente, se está propagando una afectación sicológica entre familiares de las personas que han fallecido por causa de esta pandemia, porque resulta muy difícil aceptar el desprendimiento de una persona que por lo general ha permanecido en una Unidad de Cuidados Intensivos en una institución hospitalaria en la cual no ha sido posible obtener por muchos días un contacto con su familia.

Y no olvidemos que en muchos casos ese contacto, ha sido recomendado por profesionales de la salud en otras patologías, justamente por ser considerado por ellos mismos como un mecanismo o aliciente que aporta a la recuperación del paciente; de tal manera, que con la facilidad de propagación del virus, esto ya no es posible, y ese dolor de perder al ser querido, se suma al dolor de su hospitalización y al dolor de no contar con el cálido abrazo de los familiares y amigos.

Las preguntas finales con respuestas evidentes son: ¿qué están haciendo nuestros gobernantes en materia de salud pública a nivel mental como apoyo a las familias cuyos seres queridos padecen esta enfermedad? ¿Cuál es la estadística de personas fallecidas por covid-19 en contraste con su núcleo familiar y el manejo de esta situación? ¿Se realiza un seguimiento a partir del recibo del resultado positivo de la prueba?

¿Cuál es la disposición final de los cuerpos de las personas fallecidas por covid-19 con relación a los lineamientos del ministerio de salud? ¿Se han adoptado medidas sanitarias adecuadas con las personas sepultadas en el cementerio literalmente central de Riohacha?, ¿Se ha pensado en el interés general en algún momento?, realmente eso del dolor sumado al dolor implica también dolor de tierra, dolor de habitante de este hermosa ciudad y de este departamento tan septentrional como ¡infortunado con sus dirigentes!

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