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Ciertas opiniones pasadas emitidas en su momento, no ocultan nada en relación a posturas que se han convertido para mí ya en extrañas. Ciertos números de editoriales escritos para Guajira Gráfica, con los que a veces ya ni siquiera estoy de acuerdo, sino que en la actualidad me han parecido relativos en su contenido, son aportaciones de testimonios que admiten en ciertos aspectos algunas modificaciones.

De esta forma creo que he considerado también, tomar en cuenta mis propias injusticias. Se verá que he tenido que hacer un esfuerzo para decidirme a reproducir alguno de ellos, sin que este artículo no admita demasiada supresión en su contenido original. Y se verá al mismo tiempo que he dejado que hable una convicción que, por lo menos, en malicia preventiva no ha cambiado.

En un país capitalista como el nuestro, existe una tendencia radical entre hombres que quieren cambiar el régimen existente, y los que quieren perpetuarlo. Dentro de estas tendencias siempre habrá confrontación entre los que ostenta el poder y los que quieren derrotarlos.

El triunfo de la revolución cubana en 1959, trajo como consecuencia en los años siguientes una confusión de lenguaje político sobre el uso de los vocablos «izquierdas y derechas».

La expectativa inicial que despertó aquel movimiento revolucionario todavía no definido en ese momento como marxista, hizo ver en él la encarnación más auténtica, audaz y genuina de la izquierda Democrática Latinoamericana. Por oposición óptica comenzaron a lucir como de derecha o reaccionarios, los partidos que tradicionalmente representaban en nuestros pueblos las causas auténticamente popular y democrática.

Parecía que el terreno de los movimientos de «izquierda», quedaba a partir de ese momento cobijado totalmente por el marxismo leninismo. Los seguidores de Fidel Castro Ruz, se apoderaron de América Latina de todo lo que significara de izquierda, dentro de un lenguaje político y lanzaban como un insulto sobre el rostro de conocidos partidos populares una supuesta filiación derechista.

Lo más grave fue que el equivocado término llegó a extenderse a importantes sectores de la izquierda democrática. Fue tanta la alienación semántica desatada por la euforia de la revolución cubana que se dio el aberrante milagro que partidos de avanzada y progresistas como el Apra de Víctor Raúl Haya De Latorre en el Perú, el partido Liberal del general Rafael Uribe Uribe, de Alfonso López Pumarejo, y el movimiento de tendencia liberal que seguían las orientaciones de Jorge Eliécer Gaitán en Colombia, llegaron a ser catalogados como organizaciones políticas de ‘derecha’ Esto sucedía porque quienes habrían confiscado el apodo de «izquierda» eran precisamente quienes para aquel momento pregonaban la violencia para la toma del poder.

Por fortuna ya la confusión terminológica esta disipándose y la izquierda democrática, en alianzas con sectores de avanzada progresistas, que ya no creen en la violencia como única solución a los problemas que aquejan a las clases populares, y dentro del consenso democrático, hacen oposición a los gobiernos de turno que representen tendencias derechistas..

Expuesto lo anterior en forma breve y sencilla queda claro que creemos en la necesidad de la denominación de ‘izquierda’ y de ‘derecha’, para clasificar de un modo general y práctico los partidos políticos.

Hay quienes dudan de la validez de esta clasificación; sin embargo como todos dicen hoy ser demócratas, es conveniente distinguir entre demócratas que son de derecha y los que son de izquierda. Para ello debemos preguntarnos ¿cuáles son los soportes de la derecha?

Simone Beauvoir dice en un interesante libro denominado «El pensamiento político de la derecha», «que todas las formas de la derecha tienen una fuente común que es como un cordón umbilical: el idealismo». «La izquierda en contrario, concibe al hombre en una condición concreta, a través de todo aquello que lo agobia.

Si el idealista desconoce el hecho elemental de que la necesidad no es un sentimiento íntimo de frustración sino una relación objetiva con una cosa que exigimos y de la que carecemos, es porque se disimula su propia dependencia del objeto».

Las derechas y las izquierdas han existido mucho antes de la aparición del marxismo, que es sin duda alguna, un aporte importante al pensamiento humano.

El hombre de derecha separado por su trabajo y género de vida, de todo contacto con la materia, protegido de las necesidades ignora la resistencia del mundo real.

El hombre de izquierda demanda, crítica y existe porque cree en la justicia económica dentro de la libertad; y no porque este motivado por la venganza ni por el resentimiento.

Por eso analizando la actitud de los disidentes de las Farc, movimiento de izquierda, encuentro que la desesperación no nace de una adversidad encarnizada, ni del agotamiento para desmovilizarse de una lucha sin igual, sino que ya no se conocen las razones que tenían para la lucha armada, sencillamente porque, si bien la lucha es larga, las razones de luchar para continuarla por las causas populares, existen otros medios dentro del Estado Social de Derecho, medios suficientemente claros para seguir  la lucha revolucionaria.

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1 COMENTARIO

  1. Interesante columna del Sr Povea. entiendo que busca argumentar de manera amplia la situación actual de denigracion al transfondo de la política y lo vanal que esta ha caído en el enfoque social tanto nacional, regional como global.

    Desmonta con argumentos claros, como buen abogado, las posturas extremas asumidas para definir, lo que antes de esta nueva era política se denominaban Liberales (izquierdistas) y conservadores (derechistas), increíble ver a cualquier joven reguetonero con un smartphone calificar a el partido demócrata en los Estados Unidos, por ejemplo, de un partido guerrillero y extremista. Por lo que a duras penas le dejo la columna quiere ud plasmar, es un debate amplio y extenso que amerita mas de este analisis.

    El abrir el compas a la discusión de las ideas y el apostar a la paz , no deja mas que ver su talante de demócrata, que bastante hace falta plasmar en el debate político y social en la Colombia, que se esta deja do arrastrar por la inmediatez de las tecnologías y que vanaliza los debates profundos que pueden llevar a fijar una nueva era de relaciones políticas en el debate y dar cátedra para esta nueva era que se vendrán post pandemia en Colombia, Latinoamerica y el mundo en General.

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