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Todo el mundo lo sabe. Para nadie es un secreto que la principal falencia de todo el territorio guajiro es el recurso natural llamado Agua. La Guajira siempre se ha caracterizado por sus zonas áridas y semiáridas del norte. La península de La Guajira, la que se mete en el océano así, como decía el cantor, sufre por la escasez del líquido vital, lo que en últimas ha llevado a la miseria, al hambre y a la muerte de niños por desnutrición.

Pero existe, desde que se tenga noticia, un río hoy llamado Ranchería que nace en las estribaciones de la Sierra Nevada, recorre casi 250 kilómetros repartidos en nueve municipios con una cuenca según CorpoGuajira de más de 400.000 hectáreas, que siempre ha sido como el alma del territorio, que nunca se queda seco aunque cada vez muestra menos caudal en su recorrido. Es triste reconocerlo, pero el río Ranchería también se ha deshidratado, y no es solo por efectos del cambio climático, que ya nadie niega.

El río Ranchería es importante como agente regulador de los sistemas que existen a lo largo y ancho de su área de influencia, por ser la principal arteria que hidrata sus suelos y también porque tiene un inmenso valor cultural para las comunidades indígenas Wayuu, Wiwa, Kogui, Arwacos, y Yulpa, además de comunidades afro que ven en el río un elemento cohesionador indispensable para la vida misma. Según el PNUD (2012), a pesar de que las zonas desérticas y semidesérticas se encuentran en la zona norte, el 87,35 % de los suelos del Departamento de La Guajira conviven con la amenaza de volverse desérticos o semidesérticos. Por todo lo anterior, el río Ranchería merece protección especial.

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Entra en escena también la denominada Represa del Ranchería que después de muchos años y 650.000 millones de pesos gastados, requiere de un serio empujón económico que permita llevar agua a nueve municipios guajiros y habilitar 18.000 hectáreas para la producción de alimentos. Digamos entonces que no es posible mirar el futuro de La Guajira, desligado del río Ranchería. Mírese como se mire, se requiere proteger el río. No solo el uso de sus aguas y la protección de su cuenca. No solo es considerar el pasivo ambiental que ya tienen las compañías mineras que utilizan sus aguas para sus operaciones de extracción y transporte del carbón, sino darle derechos al río, para garantizar la vida de la gente.

En el mundo se ha comenzado a hablar sobre los llamados “Ríos-persona”, es decir, ecosistemas sujetos de derechos, los cuales poseen derechos propios así como existen los derechos humanos para las personas. En Colombia hay antecedentes con el Río Atrato ya que mediante Sentencia T-622 de 2016, la Corte Constitucional reconoció al ‘río Atrato, su cuenca y afluentes’ como una entidad sujeto de derechos a la protección, conservación, mantenimiento y restauración a cargo del Estado y las comunidades étnicas. El fallo se produjo tras una demanda interpuesta por varias comunidades étnicas que demostraron el impacto negativo de las extracciones mineras y las explotaciones forestales.

Pero no solo hay antecedentes en Colombia. En Nueva Zelanda el Río Whanganui está protegido desde 2017. En Quebec (Canadá) en el 2018 el Río Magpie fue declarado sujeto de derechos. Los ríos Yamuna y Ganges de India y el río Turga de Bangladesh también siguieron el ejemplo. En la actualidad, en España se adelanta una Iniciativa Legislativa Popular, trámite que permitirá reconocer derechos al ecosistema conocido como Mar Menor, que no es otra cosa que una laguna salada y costera ubicada en la Región Autónoma de Murcia. En todos los casos se trata de reconocer derechos para proteger los ecosistemas dotándolos de gobernabilidad y protección autónoma e independiente de los intereses de todos los poderes públicos y privados.

Datos críticos sobre la disponibilidad de agua en La Guajira y el uso que se da al agua del Río Ranchería, nos lleva a pensar que merece protección. Según Terrae, organización especializada en temas geoambientales, el Cerrejón se gasta diariamente veinticuatro millones de litros de agua y, según el Ideam, una persona en La Guajira solo tiene acceso a setecientos mililitros diarios para suplir sus necesidades vitales. Ese consumo industrial entra en conflicto con el consumo humano en una región donde lo más escaso es el agua y que por eso, se mueren sus niños.

Por todo lo anterior, saludamos la iniciativa que, según lo expuesto por la senadora Martha Peralta Epieyú, la bancada del Pacto Histórico presentará un Proyecto de Ley que, de aprobarse, concedería derechos al Río Ranchería. No se podría pedir menos a una bancada que se eligió con el eslogan de convertir a Colombia en potencia mundial de la vida donde se pudiera ‘vivir sabroso’.

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