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El sentido de pertenencia, es una situación motivacional que fortalece la autoestima, logrando crear vínculos afectivos por aquél entorno que rodea a la persona, bien sea: el hogar, sitio de trabajo, residencia u otro. Pero, también es cierto que, en algunos casos, requiere de la personalidad del individuo, conjugando su formación, tanto en el grupo familiar, como en sociedad. 

En Colombia y muchos países, el desplazamiento, desarraigo, de un pueblo o gran parte de este, se da por distintas causas: políticas, sociales, económicas y principalmente, por fuentes externas que coaccionan la voluntad de las personas, quienes, en muchos casos, se ven obligados a abandonar su patrimonio y pertenencias, con el objetivo de salvaguardar la vida.   

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Se tiene conocimiento que, uno de los primeros desplazamientos a gran escala en nuestro país, se dio en los años cincuenta del siglo XX, producto de la denominada “época de la violencia”, motivada entre otros, por el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán. Aunque, también se registran en la historia, los desplazamientos originados por los grupos bipartidistas (Conservadores y Liberales) un siglo antes, de este suceso.

A finales de los años ochenta y principios de los noventa del siglo XX, ocurrieron con más frecuencia los desplazamientos de comunidades, donde en ese peregrinar, muchos optaron por llegar a las ciudades capitales, encontrándose en esa gran selva de cemento, de la cual, en su mayoría, no conocían, no sabían cómo enfrentarla, solo el salvarse y resguardar a su grupo familiar, consistía su mayor valor.

Siendo conocedor de las formas de vida en el sector rural y de la ciudad, no era para nada acogedor, el destino de aquellas comunidades que, obligados, les tocó adaptarse a ese nuevo mundo y, para los citadinos, fue objeto de choque, por los cambios que, obligadamente y de manera intempestiva, debían ejercer los nativos, recurriendo a las distintas autoridades para contener ese crecimiento inesperado. 

Ahora bien, ese crecimiento poblacional, motivó, la expansión de la ciudad, inversiones tanto, del orden nacional como territorial, generaron una transformación de urbe, incluso, impulsó la llegada de empresas internacionales impactando la economía nacional y local.  Pero, no todo es color de rosa, a sabiendas del país en que vivimos y las líneas de gobierno, donde aún, se sostiene una lucha fratricida por el poder.

Las cuatro ciudades capitales más grandes del país, al iniciar el siglo XXI, mostraban un auge que, se llegó a pensar e instalar sistemas de transporte masivo, hablándose incluso del Metrotrén, siendo Medellín, la pionera y única, desde el 30 de noviembre de 1995. Hoy día, es un hecho notorio el déficit que reportan estos sistemas de transporte, donde muchos consideran: “resultó más caro, el remedio que la enfermedad”. 

Recorrer Cali, después de los últimos sucesos acontecidos, no es fácil, ver las avenidas con poca luminosidad, estaciones del MIO destrozadas, señales de tránsito vandalizadas, daños en los bienes públicos y privados. Pero, lo que es peor, una sociedad que, a pesar de las pérdidas humanas producto de la pandemia y el conflicto, más la hoguera de algunos sectores políticos, no le falta el avivato para generar otros problemas.    

Por lo anterior, se requiere de una sociedad conjunta, no dividida, de gobiernos que asuman liderazgo, no sacar provecho, de impulsar el civismo, donde se le inculque a los niños y jóvenes, el sentido de pertenencia por la ciudad donde habita, hacer que se conviertan en guardianes de las obras públicas, que sientan el amor por la patria chica, así como para aquél, que no es de ahí.

En este orden de ideas, las guerras solo dejan muertes y desolación, restablecer el orden público no es fácil, pero siempre deberán utilizarse los recursos necesarios para lograrlo, se requiere gente que aporte, no que destruya, y dentro de estos últimos, están aquellos que, con su verbo, tiran todo abajo. 

Riohacha, no ha sido la excepción, una ciudad que no hace mucho salió de la Ley 550 de 1999, contener una migración nacional y extranjera, no es fácil, pero por la pujanza de su gente, atendiendo aquel dicho popular ‘a lo tuyo, tú’ hará que emerja una sociedad próspera con sentido de pertenencia. ¡Para adelante, siempre!