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Parte 2

En la columna del viernes pasado decíamos que el voto si bien es un instrumento de la democracia, por si mismo no es suficiente para garantizarla, sobre todo cuando en el medio quedan derechos no respetados.

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Como estamos ya en año preelectoral que se verá precedido por la reciente declaratoria del Consejo de Estado al anular la credencial de Roys Garzón, es pertinente llamar la atención sobre el voto en nuestro territorio y la importancia que debemos darle a ese acto voluntario y autónomo que incide, quiérase o no, en el desarrollo regional.

Los gobernantes electos que ha tenido La Guajira en los últimos veinticinco años no han sido los mejores. Mas que decirlo yo, lo aseguran los expedientes judiciales, los fallos de las entidades de control y hasta el Inpec. Contratación indebida, peculados, cohecho, delitos electorales, violaciones de todos los códigos incluido el penal y pare de contar. Todo esto, sin incluir los procesos que quedaron archivados por prescripciones cómplices de los amigos encubridores. Por ello necesitamos decidir mejor.

Debe ser que existe una relación directamente proporcional entre ingreso monetario de las entidades territoriales y violación de los códigos. Antes, cuando subsistiamos con presupuestos públicos escuálidos, los gobernates eran mas transparentes y menos amantes de los negociados. Pero llegó la bonanza de las regalías y de ñapa la elección popular de los gobernantes y se cambió la ecuación. Antes gobernaban por el honor y ahora lo hacen por el interés propio, el de los amigos y el  de los patrocinadores de las campañas. Hoy hay que complacer la clientela y engrosar el bolsillo.  

Duele reconocer que la situación de persistente miseria de la región es responsabilidad de nosotros mismos. Somos los guajiros quienes una vez tras otra acudimos corriendo a dar el voto a quienes otra vez o en cuerpo ajeno se presentan como salvadores para que los elijamos para dirigir los destinos territoriales o para volverse “honorables” padres de la patria, aunque honorables no hayan sido nunca. Sienten que el voto recibido les da categoría.

¿A quién nos podremos quejar si los multimillonarios recursos recibidos que debían servir para mejorar las condiciones de la gente, para que no haya muertos de hambre, para que florezca la economía y para que haya empleo, se dilapida a diestra y siniestra? ¿A quién?  Toca mirar para adentro y reconocer errores. Si no le exigimos a nuestros elegidos y si no le aplicamos sanción social por sus nefastos resultados, entonces, ¿a quién nos quejamos? Así como tenemos derecho al voto también tenemos derecho a equivocarnos, pero no tantas veces seguidas.

Los candidatos de siempre, los mismos de los últimos veinticinco años, se creen los dueños de los votos y lo gritan a voz en cuello; por ello hacen alianzas con otros para repartirse el ponqué de la contratación y los cargos públicos. Se ufanan de tener un caudal de votos determinado y lo hacen con la complicidad nuestra. Porque cada ciudadano es autónomo a la hora de introducir el voto, pero ellos piensan y siempre tratan de demostrar que los votos los tienen amarrados, es decir tienen nuestra voluntad hipotecada.

Si se quiere introducir elementos de cambio habrá que comenzar por estudiar el pasado y el presente de cada candidato y sus acompañantes porque como dice el adagio popular “dime con quien andas y te diré quien eres”. Por lo tanto, antes de comprometer su voto, piense en el futuro de La Guajira, y después, acorde con su conciencia, decida.

Si usted nota que el candidato o sus acompañantes cercanos han estado involucrados en actos de corrupción como contratación indebida, peculados, etc…….esos no son merecedores de su voto. Si ve que desde que son funcionarios públicos andan en vehículos lujosos y viven en mansiones, tampoco son merecedores de su voto, porque seguramente se han apropiado de los recursos públicos.

Si usted ve que el candidato no muestra mérito distinto al de ser hijo o “cuerpo ajeno” de un jefe político, desconfíe bastante porque la capacidad y la experiencia no se adquieren por ósmosis pero las malas mañas sí son contagiosas. Si tiene duda, no vote por quien no muestre una hoja de servicio público digna de crédito, no se equivoque nuevamente.

Si usted se entera que el candidato o sus impulsores gastan millonadas en “logística” de campañas, que compran votos con plata en mano o con láminas de eternit, o con mochilas llenas de maíz y panela, tampoco vote por ellos. En el fondo ellos se burlan de la miseria de la gente y no son merecedores de su voto honesto. Igualmente si los ve repartiendo el oro y el moro es porque hay unos financistas de su campaña en la parte de atrás, los mismos que después exigirán contratos para recuperar “su inversión”.

En últimas, usted decide. Y lo hará cuando esté al frente del tarjetón en su cubículo de votación. No importa que le hayan convencido de que su puesto público o el de sus hijos, o su contrato, dependen de que gane el candidato que a usted no le gusta. Usted es un ser pensante y autónomo, no puede ser títere manejado con los hilos del titiritero, que ya usted sabe, es el jefe del grupo político. De eso depende el futuro de La Guajira.