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(Primera parte)

Ya que estamos en un año preelectoral vale la pena escarbar y conceptuar sobre lo que significa y ha significado el voto como instrumento democrático en nuestro país. La regla de la mayoría que impera en las democracias no garantiza que sea el mejor camino, pero es el menos malo, el que sirve para tomar decisiones sin entrar en conflictos de fuerza, el que permite decidir sin llegar a las armas. Recordemos que en Colombia, cuando se proscribieron partidos políticos se abonó el camino a los movimientos insurgentes.

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Pero, no por votar, preservamos la democracia. Y como prueba mencionemos dos hechos paradigmáticos: El primero es el del nazismo en Alemania que llegó al Parlamento a través del voto en elecciones democráticas limpias y luego Hitler, que ya sabemos quién fue, se consagró como dictador después de un plebiscito que le otorgó el 89.9 % de los votos. El segundo, es el de Luis Bonaparte que se impuso por mayoría integrada en especial por las clases populares y sin embrago instauró la primera dictadura moderna de Francia, precursora a su vez, del fascismo. Es claro entonces, que no porque haya votaciones, hay democracia popular.

Por lo tanto, el voto, es un instrumento de la democracia, pero no basta con él. Se requieren además otras condiciones, como la participación de las minorías que pueda controlar a las mayorías (para que no se desborden), la independencia de los poderes legislativo y judicial respecto del ejecutivo y el pleno goce de las libertades individuales y los derechos civiles todos, incluidos los fundamentales. Aquí reside la clave acerca del porqué en Colombia tenemos una democracia débil por lo defectuosa.

El sufragio reglado aparece debidamente, cuando los Estados deciden elaborar “constituciones” que faciliten su manejo. Hoy por hoy se entiende como sufragio universal el derecho a voto que tiene la población independientemente de su procedencia, raza, sexo, edad, creencias o condición social. Hoy, en términos democráticos a nivel internacional, el único límite aceptado al sufragio universal es el establecimiento de una edad mínima.

En nuestro país existe el derecho al voto pero es un sufragio universal restringido porque solo pueden hacerlo los mayores de 18 años (hasta 1975 solo votaban los mayores de 21) y de acuerdo con el Manual de Derecho Electoral, no tienen derecho al voto los miembros de la fuerza pública (ni policías ni soldados pues no son “deliberantes”), los interdictos de los derechos y funciones públicas y las personas que hayan sido condenadas mediante sentencia judicial. Los interdictos son aquellos que tienen ciertos derechos restringidos porque padecen alguna discapacidad mental o cumplen con otras limitaciones jurídicas previamente determinadas y contempladas en el Código Penal.

Puede decirse que el voto se fue universalizando poco a poco. Los sistemas electorales iniciaron con un voto muy restringido y limitado a una élite que debía cumplir ciertos requisitos: De género (solo votaban los hombres), de raza (en algún momento, los negros, por ejemplo, no votaban), económicos (había que demostrar un nivel mínimo de renta y de propiedades), nivel de instrucción (analfabetos no votaban) y de clase social (si era esclavo no tenía derecho). El desarrollo de la democracia determinó la eliminación de las restricciones, pero esta no es igual en todas partes. Todavía existen regímenes totalitarios con democracia cero y una amplia escala de grises que marcan diferentes niveles democráticos.

También hay diferencias históricas en cuanto al sistema de votación y si esta es directa o indirecta. La Guajira tiene su historia no muy santa relacionada a la elección indirecta. Cuenta la historia política nacional que el General Rafael Reyes en 1904 fue Presidente de la República de Colombia gracias al fraude electoral que se cometió en la entonces Intendencia de La Guajira en el que tuvo papel predominante el patricio conservador Juan Manuel Iguarán quien entonces fungía como Intendente. Se cambió el curso de la historia porque sin chocorazo el presidente hubiera sido Joaquín F Vélez.

Que se sepa, es el primer fraude electoral de carácter nacional, pero desde entonces somos noticia electoralmente. Esos hechos se conocen como el Registro de Padilla porque así se denominaba a los entonces municipios que conformaban la Provincia de Padilla y en la que el entonces coronel Iguarán, mediante fraude posteriormente comprobado y sin que se hubiera reunido lo que se denominaba Asamblea Electoral, se “inventó” 45 votos a favor de Reyes, lo cual era suficiente para elevarlo a la silla presidencial en perjuicio de Vélez. Lastimosamente fuimos líderes en chocorazos.

Lo que sí está claro es que el voto como instrumento democrático es la herramienta que los colombianos tenemos para hacernos valer en cuanto a participación directa o indirecta en los asuntos públicos. Solo si lo hacemos respetar, si lo volvemos absolutamente digno podremos cambiar el rumbo del desarrollo que traen regiones, como La Guajira, donde mucho voto es negociado y donde los políticos de siempre se sienten dueños de la voluntad de los ciudadanos. Por eso no rinden cuentas de sus actos de gobierno y por eso, la gran mayoría termina con bolsillos largos.