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Era el final de la tarde en un viernes, Esteban, como solía suceder todos los días, independiente del numero en el calendario, se dirigía a la parada del bus, una estación que siempre se encontraba atiborrada. Sin embargo, ese día como un hecho peculiar, solo estaban dos personas, que en algo se parecían a él, en sus rostros quizás, además del cansancio, se notaba una cierta marca de angustia “calmada”, como aquellos que solo esperan el próximo e inminente golpe.

A la espera del transporte, esa tarde dio un repaso por su vida, a sus 45 años, en retrospectiva deambuló por sus momentos y de lo que hasta ese día tenía; como otro dato curioso, el transporte llegó rápido, las pocas personas se encaminaron abordarlo, y Esteban de inmediato pudo notar que era extraño que aún tuviera puestos disponibles, “que tarde tan poco común” pensó, esa situación le dio alegría, y se ubicó en un sitio con ventanilla disponible, aspecto que le recordó sus preferencias en los viajes de familia.

Recostó su cabeza sobre la ventana, y de inmediato vino a su pensamiento, el amor, recordó aquellos días con Ana en las playas con marcos verdes, en Dibulla – La Guajira; las noches en las que se prometían amor eterno, y donde parecía el mundo estaba rendido en el norte del país a sus sueños. Se preguntó dónde estaría ella, quien en una tarde gris como la de ese día, le dijo que no todo es amor, y que sus “sueños” la llevaban por otros caminos.

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Recordó su trabajo de hace años, un cargo que le daba estatus, dirección, y un sueldo agradable, que le hicieron cumplir varios deseos, mas no propósitos; recordó esas benevolencias de la que era objeto, y de su extremada suerte en el amor, de los favores y halagos que lo hacían sentir portentoso. Ahora era distinto, pagos por producción, la escasez extrema, y los recursos que se agotan más rápido que las arepas de queso en sus visitas a Manaure – La Guajira.

Recordó a su familia, en especial a sus hermanos y Padres, que bajo algunas situaciones en particular no habían variado su cariño, y sus amigos, aquellos que aun en épocas donde se alejó, cuando él acudió a ellos, si bien con cierto recelo, al final le dieron su mano, incluso recordó a Martha, que siempre le profesaba su amor puro y amplio, pero como por esos hábitos de una sociedad cuadriculada y llena de estigmas, tuvo que ceder ante la propuesta de otro amor, porque los años no vienen solos le decía su abuela.

En cierta pausa de su reflexión y ante una parada intempestiva, levantó su rostro, y vio diagonal a su lugar dos jóvenes, vestidos con cierta frescura, y alcanzó a escuchar su conversación, hablaban de viajes, de amores, e ideas para estos años, uno de ellos exclamó, “tranquilo somos jóvenes, aún tenemos tiempo”.

Esteban tuvo una risa leve, como quien sabe que eso del tiempo no es más que una excusa que aplaza lo que debe ser tu vida hoy, sintió un estupor al pensar, sobre la verdad expuesta por Barrié, cuando dio al cocodrilo las pautas de aquel que te persigue y tarde o temprano te alcanzará, sino es que, ya lo ha hecho y no sabes que lo cargas en los hombros.

Se levantó para pedir la parada, y cada escalón que lo bajaba a su destino, producto de las ideas de esa tarde, lo llevó a otra realidad, su rostro, era distinto, casi renovado, porque encontró en esos momentos de reflexión, una “excusa” para volver a vivir su realidad en este espacio.

Una parada de bus, lo llevó por las estaciones de su vida, y le enseñó, que ella tiene un propósito entre un punto inicial y otro final, pero esos puntos, los debía definir él, no la sociedad, y que, entre ese recorrido, tendrás muchas estaciones y puntos intermedios, y el secreto está en disfrutar cada uno y atesorar lo que sea estructural, sin banalidades, sin promesas perdidas, sin bellezas de momento.

Entendió que el cocodrilo nunca se ha ido, que está a su lado desde que su madre le trajo al mundo, que lo acompañaba, con cada arruga, con cada viernes perdido, con cada cabello que te abandona, así que ese día, Esteban decidió abrazarlo, no temer a lo inevitable te da la capacidad para entender el propósito de tu vida, desde entonces Esteban disfruta, solo disfruta.

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