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La pandemia del coronavirus ha tenido un impacto significativo, tanto en la salud física como en la salud mental. El constante aumento en el número de contagiados, nos ha obligado a permanecer en casa, cumpliendo con el aislamiento social preventivo.

Lo anterior, ha significado un desafío para todos desde el momento en que las actividades fueron interrumpidas de manera imprevista, alterando por completo rutinas y horarios, tanto en niños como en adultos. Estos cambios inesperados en el estilo de vida por las medidas tomadas en el intento de controlar el contagio y la propagación del coronavirus, ha incrementado los niveles de ansiedad, depresión, estrés y trastornos de sueño.

Nuestra constante lucha con la realidad para volver a la normalidad ha generado estrés, lo cual no es una causa sino un efecto de la pandemia, asociado al temor al contagio y ser despedidos. Además, la preocupación por el impacto social y económico, la incertidumbre por la prolongación de la pandemia, el distanciamiento social y las nuevas formas de trabajo y estudio en casa.

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El estrés no siempre es nocivo, puesto que puede actuar como un proceso que nos permite adaptarnos al medio o prepararnos para afrontar alguna amenaza, pero cuando se prolonga pasa a ser distrés (estrés negativo) y nos afecta de muchas formas.

Tal como lo afirma los CDC, el estrés durante el brote de una enfermedad infecciosa puede en algunos casos implicar cambios en los patrones de sueño o alimentación, agravamiento de problemas de salud crónico o mental y el aumento en el consumo de tabaco, alcohol y otras sustancias.

El temor y la preocupación por lo que puede ocurrir, afecta el sueño, algunas personas presentan dificultad para conciliar o mantenerlo; otros pueden experimentar hipersomnia, alteraciones que pueden generar irritabilidad, apatía, agotamiento, cefaleas y fatiga, lo que incide negativamente en la salud y el bienestar.

Si bien, la mayoría de los casos de insomnio son asociados a múltiples causas, como el uso de alcohol y fármacos, enfermedades médicas y/o psiquiátricas. Sin embargo, desde mi punto de vista en tiempos de pandemia, el insomnio se relaciona más con el estrés, higiene inadecuada del sueño, y en definitivas alteraciones del ritmo circadiano, por los cambios repentinos en los horarios y las rutinas.

Esta idea se sustenta desde los procesos fisiológicos del sueño. Los expertos afirman que, el sueño se da mediante ciclos repetitivos en tiempos específicos. Así, la vigilia y el sueño obedecen a tres tipos de procesos que son; el circadiano, homeostático y el proceso ultradiano. Los cuales determinan y controlan la organización y producción sucesiva del sueño y la vigilia, como también el ciclo del mismo.

Durante la pandemia, estos procesos se han visto alterados, afectando el sueño de muchos, debido a los cambios inesperados en los hábitos y actividades que se venían realizando. Actualmente, no hay horarios establecidos de sueño y comida, hay más tiempo libre que incitan conductas pasivas incrementando la cantidad de “tiempo en pantalla” dedicadas a largas sesiones de series de televisión, horas en el celular y/o computador.

Si usted ha experimentado estrés e insomnio en estos tiempos puede crear nuevos hábitos de sueño y mantenerlos, en caso de que los problemas para dormir empeoren consulte con un médico.

A continuación, dejo algunas recomendaciones que pueden contribuir a una higiene adecuada de sueño.

Primeramente, es necesario crear condiciones ambientales apropiadas en la habitación, igualmente, establecer y mantener horarios estrictos de sueño y comida, incluso los fines de semana. Además, antes de dormir, puede dedicar unos minutos para leer o meditar. Trata de exponerte al sol y al aire libre por las mañanas y hacer ejercicios durante el día.

Por último, evita por todos los medios; llevar preocupaciones a la cama, hacer actividad física o estimular tu cerebro con luces o pantallas (celular, TV, computador o tableta) antes de dormir, ya que esto incide en los procesos que promueven el sueño. Igualmente debes evitar siestas largas, comer en exceso o consumir bebidas estimulantes antes de dormir. Tampoco, utilices la habitación para actividades distintas a su función por ejemplo trabajar, estudiar o comer.

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