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En esos años en los que tus gustos e ideas van tomando forma, en los que te abandona la niñez y te adentrase la prematura adolescencia, existen detalles que, aunque en el primer instante no lo percibes, con el pasar de los días, semanas e incluso años, vas a encontrar mensajes ocultos que entenderás determinaron los pasos y modos que vendrían en el futuro.

En tiempos donde se culminan los años de la primaria, y por una extraña razón alguien te ha pedido interpretar una canción en un acto del colegio, acudes a varias notas y letras sin encontrar una respuesta que creas acorde a ese compromiso.

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Entonces alguien te ofrece en forma de acetato una peculiar alternativa, una canción del guajiro Hernando Marín, con tintes propios de sus críticas sociales y textura humana, pero más allá de esas descripciones una invitación a una forma de vida.

Sin comprenderlo en ese momento, y luego de muchos años, no tantos como los que me hubieran gustado que me llevaran a este momento, en camino a encontrar en tu espacio una última ocasión para recordar una presencia física que un virus nos quitó, fue esa letra la que vino a mi mente, ‘canta conmigo’.

Entonces las imágenes de una niñez y adolescencia que en departir y cuentos llegaron junto con sus jocosidades, ya en una adultez superada, me invitaron a repasar una vida tal cual como cuando repasas un álbum de fotos pretendiendo encontrar en el recorrido un “souvenir” del porqué ante un momento triste recuerdas una situación al parecer poco trascendental.

Entonces fueron muchos los recuerdos, la variedad de tus oficios, la franca postura ante una vida de dificultades en procura de encontrar un patrimonio, un hogar, la realización de un proyecto, la mano amiga ante cualquier momento, que con muchos o pocos elementos en el bolsillo no eran lo importante para dar la solidaridad, la entrega honesta de la amistad y la jocosidad extrema e histriónica que al menear de una cerveza te podrían recargar una vida.

Qué puede anhelar un ser humano para su vida, acaso un buen empleo, acaso una amplia y cómoda casa, acaso un buen salario, un auto de alta gama quizás, o simplemente ser feliz con lo que esa misma vida por su esfuerzo le proveyó.

Si tu vida hubiese sido distinta, como la de un hombre con lujos y alta alcurnia, hoy en la cuenta final ¿qué se diría?, si tu vida no hubiera estado marcada por esos actos de locura agradable y risas amplias de tus espectadores, ¿acaso la cuenta nos daría hoy otra realidad?

Concluí en ese último camino en tu honor, que cualquiera de las opciones que hubieras tomado, de no estar impresas de esas paradas con felicidad, las conversaciones hoy sobre ti hubieran sido otras, no tan generosas que, ante la tristeza, aún tenían la capacidad de sacarnos una sonrisa, entonces encontré la respuesta a esa canción que regresó a mi mente, y es que como en ella, se predica el propósito del nacimiento, el tuyo ante la vida era darse felicidad.

El virus cuando se lleva un cuerpo físico parece ha ganado, sin embargo, en estos tiempos tan difíciles que se han agudizado en las últimas semanas, nos enfrenta a pérdidas que en otro momento de la pandemia no parecían tan posible, es allí cuando llegan las canciones, fotos, imágenes y cualquier elemento de tu vida que te invita simplemente a recordar.

Entonces mi hermano Félix, este camino, no será el último momento para entender que el recuerdo es eterno y estarás siempre a disposición de ser llamado, por una foto, una canción o cualquier hecho que permita evocarte, así entonces el virus no ha ganado, ha sido cruel y abusivo de nuestra confianza, pero con ello no culmina la existencia que se proyecta con el espíritu por la eternidad en nuestros corazones.

Hasta pronto hermano, gracias por las canciones, por una “borracha vida de felicidad” y por hacernos entender que la felicidad no depende de tu bolsillo, propiedades o adquisiciones, sino de compartir con alegría lo que se tenga, de disfrutar los espacios con amigos, compañeros y familiares.

Cantaremos por siempre y hasta volvernos a ver, juntos, como en aquella canción que me propusiste y que sin quererlo me llevaron atesorar de una forma particular las líneas del compositor guajiro.

Qué puedo yo ofrecer ante tanta dicha, que puedo hoy decirte ante tanto dolor, a tu felicidad y vida, te ofrezco estas letras que se quedan cortas, como tus años en este espacio, un abrazo.