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Desde hace un año estamos de luto por la partida del maestro y amigo Francisco Justo Pérez van-Leenden, un luto que nos embargará por mucho tiempo, un dolor difícil de disipar y evadir, porque Justo formó parte de nuestras familias, de nuestra academia, de nuestro mundo social y laboral. La universidad de La Guajira tuvo el privilegio de contar en su nómina con él, persona integra en la dimensión humana.   

Su nombre, nos remite a pensar en asuntos como “las culturas, grupos indígenas y sus lenguas, la diversidad, la inclusión social, la otredad, la investigación, entre otros”. Evocarlo nos ubica en su sencillez genuina, en esa, en la que todos cabíamos, porque hizo de su vida un escenario colmado de sinergia; allí teníamos lugar los académicos, el vendedor de la calle, el más alto ejecutivo, el más sencillo parroquiano, el rico, el pobre, en él no había distinción; a todos veía y atendía con esmero y delicadeza. Así lo sintetizamos.

Su inquietud por la educación de generaciones para que fuesen útiles a la sociedad se descifraba en largas jornadas frente a los libros, a un computador, dialogando con sus homólogos descubriendo sobre qué y cómo hacer para que el mundo de la vida fuese más armónico con la naturaleza y la justicia social.

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Francisco Justo nunca se dejó seducir por la avaricia, sus principios y valores eran tan claros que no dudó de su papel en la tierra. Dio todo, a cambio de nada. Le entregó a la universidad de La Guajira sus mejores años, juventud, inteligencia, ideas innovadoras y especialmente su carisma de hombre de bien.

Ese campus con el que soñó, le permitió acercamientos con universidades entre ellas, con las directivas de la Nacional, quienes interpretaron su fantasía y la hicieron realidad. Una infraestructura apropiada a las características climáticas y ambientales de Riohacha, unos colores que armonizaran con la naturaleza de La Guajira, como los de su mar, sus flamencos y la bella arena de las dunas del desierto y un logo que recoge una cosmovisión que a manera de tejido permite ver sus ramificaciones en las cuales cada una surte su significado.

Su intención de hacer de la universidad de La Guajira un claustro educativo en el que el diálogo de saberes se privilegiara y la interculturalidad se convirtiera en una realidad consciente, lo llevaron a pensar en una Universidad Binacional, sin fronteras, porque el conocimiento es universal.

La creación de Programas como Lenguas Modernas, Etnoeducación, Contaduría, Trabajo Social (este último como obsequio de la universidad de Cartagena), pioneros en el Caribe colombiano, fueron “punta de lanza” para impulsar el alma mater, la inclusión del wayuunaiki, en los planes de estudio como núcleo de aprendizaje, se convirtieron en respuestas a las necesidades y requerimientos de este escenario impregnado de diversidad lingüística y cultural.

La vida de Justo se puede comparar con una ‘máquina’ como ‘productora’, en la extensión de la palabra, él producía conocimientos, la máquina produce elementos y objetos tangibles y trabaja determinado número de horas, él trabajó a la máxima potencia, producía ‘intangibles’, no ahorró un segundo de su tiempo para dedicarlo a la producción académica, sacrificó innumerables reuniones familiares y sociales y hasta su salud, porque su prioridad era el trabajo intelectual. 

Su partida nos dejó una combinación de sabores “agri-dulces”:

Lo agrio, porque estaba en su plena producción, tenía mucho que dar, su máquina estaba en perfectas condiciones intelectuales, lo que podíamos aprender de él era incalculable. Sus ideas fluían, su resiliencia era cada vez mayor.

Lo dulce, porque dio todo, no se guardó nada, aprendimos de él. En ese sentido nos sentimos satisfechos porque la vida nos lo brindó por varios años con sabiduría y una sonrisa que lo caracterizó. Nos congregó como amigos y discípulos e hicimos de esos espacios los mejores a tal punto que tenemos abundantes anécdotas, nos enseñó a reírnos de nosotros mismos, de nuestras circunstancias y logros, de nuestros aciertos y desaciertos. De pronto no supimos aprovecharlo.

En el tintero quedaron proyectos como 1.) la publicación de la traducción al wayuunaiki de la obra Cien años de Soledad, 2.) la publicación de cartillas didácticas para la enseñanza del wayuunaiki, 3.) el diseño de un modelo educativo flexible bilingüe bidireccional para alfabetización adulta wayuu -Modelo de Bialfabetización-, 4.) la universidad binacional.

También en el 5 lugar, la publicación de la historia de vida de la maestra Nicolasa Gómez, proyecto de investigación de maestras afro, 6.) la dirección de varias tesis de pregrado y maestría, 7.) el libro fundamentos de etnoeducación, 8.) el acercamiento de la Junta central de palabreros a la academia, como estrategia de proximidad Universidad-Comunidad.

Sigue en tu morada, Francisco Justo Pérez van-Leenden, maestro y amigo.

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