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El anuncio de que el agua iniciaría cotización en la bolsa de valores, constituye al margen del contexto económico que el hecho marca, una necesaria advertencia, que reviste un interés para cada uno de los seres que habitan este planeta. Es innegable que, sin tener presente, la condición social, la tradición, cultura, o aspectos geográficos donde nos encontremos, el agua desde la misma composición de nuestro cuerpo, marca la vitalidad en la existencia.

Algunas regiones del mundo, resultan privilegiadas en cuanto a su suministro, o accesibilidad natural. Poseen fuentes que nutren sin mayores dificultades a los habitantes de esas zonas, otras, no cuentan con esa gracia, y quizás en ella la costumbre y métodos, han llevado a contemplar formas con medidas de austeridad sobre su consumo.

Tampoco podemos negar que muy a pesar de encontrarnos en un país rico desde el punto de vista de las fuentes, el agua por porcentualidad, calidad y cantidad, puede resultar más costosa que la gasolina, ya ello marca un contexto de relevancia económica que de seguro han debido advertir.

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Así entonces, no debe resultar una sorpresa que el recurso más importante de este planeta, hoy en el país del norte se pretenda, bajo supuestos de intereses proteccionistas y de control, ante las irracionales muestras de su consumo, llevarlo a discusiones en parámetros de simple oferta y demanda, aspectos propios de la economía de mercado.

Nuestro país es un claro ejemplo de las circunstancias diferenciadoras de la apreciabilidad y acceso a dicho “producto”, y debo entender que la voluntad Constitucional, ha quedado rezagada a los parámetros e intereses económicos en la garantía de prestación en su servicio, temas que hace un tiempo fueron objeto de discusiones políticas en el congreso por cuenta de datos sobre préstamos para construcciones de acueductos.

La Guajira, y sobre todo en los territorios del norte, padece la negligencia política y voluntad económica que cede a pautas partidistas, antes, que al hecho simple y superior de llevar a los ciudadanos el preciado líquido, incluso cuando la inmensidad de su mar podría concretar una alternativa en el suministro.

Pero que puede significar que hoy el agua sea “factor” de cotización, en un ambiente donde queramos o no, el interés está marcado por la valoración a partir de pautas de consumo, como un hecho propio de la economía, y bajo esos supuestos, es poco o nada lo que pueda interesar el aspecto social y humano, cuando el valor y el dominio sobre determinados bienes, son lo que concretan la posibilidad de acceso a partir de costos.

Los productos de cotización en la bolsa de valores, son elementos cuya esencia y ubicación no resulta común a todas las regiones o países, por ello la riqueza que pueda confluir en su distribución para las empresas que pretendan entrar en ese mercado. Así cuando se habla de petróleo, oro, o níquel, piensas en las tierras donde sus yacimientos y extracciones son más comunes o fáciles de ubicar, imaginemos quienes son los dueños de esas regiones, y como se ha suscitado el interés particular de esos productos.

Si ya tienes la respuesta, realiza un ejercicio pensado en los lugares donde esa agua fluye con mayor naturalidad, quizás, los páramos, las sierras, etc, incluso el mar si piensas en el procesamiento por desalinización.

Piensa en eso y además ubícate en un par de años en el futuro, cuando el agua como producto de cotización adquiera un valor económico de relevancia; ¿cómo actuaria un empresario, y cuáles serían las zonas sobre las cuales se iría a “conquistar” ?, ¿qué lugares serian apetecibles?, tarde o temprano los Estados en su estructura terminan complaciendo a las economías de mercado, concediendo exclusividad sobre algunos de esos lugares.

Hoy nuestro Estado, por el predicado Constitucional debe garantizar el acceso a los servicios públicos, ofreciendo como pauta una retribución económica, a quien lo presta, de allí cierta obligación que te permiten con tranquilidad caminar desde tu cómoda silla, y girar la llave de tu lavamanos, obteniendo así el producto, con la misma facilidad, con la que crees que el día para profesar amor y amistad, o cariño a tu madre, está marcado porque alguien pensó que podía extraerse de ello una relevancia económica.

Esperemos que, en unos años los hijos de tus hijos, puedan a pesar de tu pasividad, ir desde la misma silla a la misma llave y obtener lo que para su forma de vida resulta vital, o, por el contrario, mirar como la oferta y demanda del mercado es la que determina esa posibilidad, entre tanto respira tranquilo, solo es el mundo conduciéndose a un inevitable destino.