Honor y gloria al Almirante, José Prudencio Padilla

Amylkar David Acosta Medina
Amylkar David Acosta Medina
Expresidente del Congreso de la República, exministro de Minas y Energía, miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas y miembro Correspondiente de la Academia Colombiana de Historia. Docente e investigador de las universidades Externado de Colombia, Los Andes y Rosario. Autor de 44 obras publicadas.

-Apuntes-

Nació en la Villa de Pedraza, en jurisdicción del Municipio de Manaure (La Guajira) el 19 de marzo de 1784. Era fornido y de contextura fuerte, negro o pardo, que era como se para su época identificaba por su tez a los afrodescendientes. Nos proponemos reseñar los hitos más importantes del periplo vital del héroe guajiro.

Tuvo su bautizo de fuego en la mar, cuando, a muy temprana edad, imberbe aún, con solo 21 años de edad, se alistó como grumete en las filas de la Mariana Real española, participando activamente en la famosa Batalla naval de Trafalgar el 21 de octubre de 1805, en la que se enfrentaron España, aliada con la Francia napoleónica con Gran Bretaña y su Reino Unido, de la cual salió este vencedor, erigiéndose en la primera potencia de los mares.

En el fragor de esta batalla fue apresado el mozalbete José Prudencio Padilla. Se discute sobre si él tuvo ese segundo nombre y se suele prescindir del mismo para llamarlo sólo José Padilla, pero yo no lo pongo en duda porque en nuestra tierra no hay quien no tenga su segundo nombre!

Hacia el año 1808 habiendo retornado a la Nueva granada, que era como identificaba la Corona española los territorios bajo su dominio en ultramar que hoy forman parte del Estado colombiano, se enroló en las huestes de las tropas patriotas abrazando la causa de la libertad.

Luchó a brazo partido, sin darle tregua a las tropas realistas, hasta verlas salir en desbandada desde la bahía de Cartagena después de morder el polvo de la derrota a manos de los patriotas. Participó y se destacó en múltiples refriegas, destacándose entre estas la acción militar sobre el puerto de Sabanilla hacia 1820, la que a juicio del antropólogo e historiador Wieldler Guerra “marcó un punto de inflexión en el curso de la campaña del Caribe”, que tuvo un episodio singular y decisivo en la batalla de la Laguna salada el 25 de mayo, en las goteras de Riohacha, hoy Distrito capital del Departamento de La guajira.

Luego seguirían otras batallas, crueles y cruentas, todas ellas para enfrentar la arremetida del pacificador Pablo Morillo que tuvo por misión por parte de la Corona española, como lo fue la Noche de San Juan en 1821, en donde Padilla y sus tropas toman por asalto la flota monárquica que asedió por espacio de tres meses a Cartagena, para entonces en manos de los realistas, desde la bahía de las Ánimas, abriéndose paso con su heroísmo, logrando la rendición del enemigo, que se rindió el 6 de julio y el levantamiento del sitio a Cartagena!

Pero, definitivamente, lo que catapultó a Padilla hasta el pináculo de la grandeza fue su proeza y bizarría en la célebre batalla que libró y lideró en el Lago de Maracaibo el 24 de julio de 1823. Esta batalla cobró en los mares la importancia de la batalla de Boyacá en tierra firme, pues gracias a su resonante triunfo fue posible consolidar nuestra independencia. Su proclama al iniciar el feroz combate fue su grito de batalla, “Morir o ser libres” y a él le debemos el haber desbrozado el camino para alcanzar la liberación definitiva de nuestra patria de la coyunda del Imperio español.

Pero, pudieron más los celos y recelos, las intrigas y la zalamería, de la cual fueron protagonistas dos lisonjeros del Libertador Simón Bolívar, Mariano Montilla y Rafael Urdaneta, hasta malquistar a Padilla con él, urdiendo el complot de su involucramiento en la conjura de la conspiración septembrina, el 25 de septiembre de 1828, cuando se intentó sin éxito atentar contra la vida del Libertador  y este embaucado por ellos se dejó convencer de la patraña, llevándolo a ordenar la ejecución de Padilla en la otrora Plaza de la Constitución, hoy Plaza de Bolívar.

 A poco andar Bolívar, en una misiva a su amigo Pedro Briceño, quien fungía como su secretario, le manifestó su arrepentimiento de la injusta sentencia que cobró las vidas de Padilla y Piar. Lo mortificó tremendamente este cargo de conciencia, amén del remordimiento que lo atormentó por el resto de sus días que fueron pocos.

Después de esos tiempos tan procelosos y cuando las aguas volvieron a su cauce se le hizo justicia al coloso del Mar, como yo prefiero llamar al héroe guajiro. En noviembre de 1831la Convención de la Nueva Granada rehabilitó su memoria a nombre del agradecido pueblo colombiano. Mediante la Ley 10 de 1974 el Congreso de la República, con motivo del sesquicentenario de la batalla naval en el lago de Maracaibo y los 145 años de su muerte, también honró su memoria y se ordenó instalar un placa en el frontispicio del Capitolio, de cara a la Plaza de Bolívar, en la cual se hace constar que ese fue el lugar del magnicidio.

Luego se expidió la Ley 2012 de 2019, al conmemorar dicha batalla, la Nación declara el 24 julio como Día de la Armada de Colombia y se acuñó, con fines conmemorativos y por una sola vez una moneda alusiva a ese magno acontecimiento. Y más recientemente, a través de la Ley 2334 de 2023, el Congreso de la República ascendió de manera póstuma a Padilla, reconociéndole el justo grado de Almirante!

 

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