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El Departamento de La Guajira, como entidad territorial es hoy día víctima de la postergación, el aplazamiento y las indecisiones que las circunstancias de los momentos nos obligaba a tomar, las que no se hicieron porque prevalecieron otros intereses y se impusieron hechos de mezquindad política, nula visión y malos asesoramientos; generando la inocultable inviabilidad financiera.

En año 2012 cuando llegué a la asamblea departamental de La Guajira, tenía clara la situación de riesgo en la que la entidad se adentraba cada día más, porque a pesar de que mi arribo a la asamblea se dio en el año 2012 cuando se estrenaba el acto legislativo 05 de 2011, a mi paso por la secretaría de Hacienda en el año 2008, oí sonar las alarmas que nos indicaban que algunos sectores como el de salud con sus hospitales y en cubrimiento de los eventos Nopos se convertirían en un taxímetro que no pararía jamás y que no tendrían esos gastos respaldo presupuestal para honrar dichos compromisos . 

Mas tarde entonces con dicha reforma de las regalías se encendieron otros taxímetros que obligaban a tomar decisiones en lo administrativo y financiero para poderle hacer frente a la nueva realidad financiera de la entidad territorial, pero no nos dimos por notificados y seguimos eligiendo gobernadores y en los últimos ocho (8) años casi que escogiéndonos o designándonos gobernadores como si nada hubiese pasado en las finanzas de un departamento cuyo presupuesto de gasto en un 85 % dependía de las regalías.

Y si nadie hasta hoy, elegido, escogido o encargado ha tenido el valor, la responsabilidad y el carácter de afrontar la verdadera situación y plantear salidas acorde con la nueva realidad, seguiremos caminando hacia el precipicio con los ojos cerrados.

Si en el año 2012 se hubieran obedecido las facultades otorgadas por la asamblea en las ordenanzas 343 y la 344 de 2012, de las cuales fui ponente en mi condición además de presidente de la comisión de presupuesto; y donde encontré el respaldo mayoritario de mis compañeros diputados, otra pudiera ser la situación administrativa y financiera del departamento porque con ellas se reorganizaban las finanzas maltrechas.

Pero al gobernador Juan Francisco Gómez que con decisión férrea presentó los dos proyectos que se convirtieron en ordenanzas, lo confundieron algunos asesores y secretarios de despacho que entre otras cosas le decían que someternos a ley 550 era entregar la gobernabilidad que él se había ganado con el voto popular.

Este desconocimiento llevó a que no tuvieran aplicabilidad las dos ordenanzas de mayor trascendencia que se hayan dado para sanear a una entidad en camino ya avanzado de inviabilidad financiera.

Hoy con los años transcurrido y las arcas vacías, se ha tenido casi que obligados por órdenes judiciales que echar manos de recursos de apalancamiento de otros sectores vitales para el desarrollo departamental, tanto así que se pellizcó el hasta entonces intocable patrimonio autónomo de los pensionados, los recursos del Fondeg, los del Fonpet, la sobretasa del Acpm y otros más, para poder cubrir los dineros de la más importante ordenanza de política pública de este departamento y me refiero a la ordenanza 214 de 2007, la cual al reformar las regalías quedó totalmente desfinanciada, ya que este gasto social que se cubría con las regalías directas, derecho este que no fue incluido como inflexibilidades como sí lo hizo el gobierno nacional con el crédito que el departamento tiene con el banco mundial.

Le corresponde entonces al actual gobernador tomar el toro por los cachos y debe ser este el momento de las concreciones y de las transformaciones aplazadas, por ello desde ya se deben emprender las tareas de socialización y buscar las salidas para que si es del caso reorientar algunas rentas y estampillas y podamos así cumplir un doble propósito: asegurar la financiación de la educación media y superior; pero a la vez recobrar para el departamento la viabilidad financiera perdida, para que este no desaparezca, lo que ocurriría muy pronto de no actuar acorde con las circunstancias.

Lo anterior debemos también visualizarlo al nuevo escenario nacional y mundial que no volverá hacer igual después de la pandemia del covid-19 de donde saldrá este departamento aún más maltrecho.

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