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Entre los objetivos que tiene el nuevo gobierno nacional en cabeza de Gustavo Petro, uno de los más difíciles de alcanzar es el torcerle el pescuezo a la corrupción. Esto, porque la corrupción se siente en todas partes, en las altas esferas del poder público, pero también en todas las instituciones, así sean de carácter regional.

Se da en el sector público y en el privado pero nos azota más en las instituciones públicas, porque sentimos que se están robando los presupuestos que son de toda la ciudadanía. Sentimos en carne propia que unos pocos se llevan los que nos pertenece a todos y que eso, entorpece el accionar equilibrado de la sociedad y las desigualdades se incrementan: mientras unos pocos engordan cada vez más sus bolsillos, otros mueren por desnutrición o mejor dicho, por hambre física.

Y lo peor es que la corrupción parece que ya estuviera cosida al diario funcionar de los que manejan la cosa pública. De allí los grandes escándalos que nos toca sufrir. Si ponemos el retrovisor seguramente nos seguiremos sorprendiendo. Cartel de la Toga, Reficar, Odebrecht, Cartel de la Hemofilia, Saludcoop, Cartel de la Chatarra, El Carrusel de la Contratación en Bogotá, Escándalo de las Chuzadas, Farcpolítica y Parapolítica, Yidispolítica, Proceso 8000, Falsos Positivos, Agro Ingreso Seguro, Interbolsa, Centros Poblados, Merlano versus Clan Char, etc. Nos toca dejar allí, porque la memoria es frágil.

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Corrupción en todas las esferas. Tan corrupto es Duque cuando riega con mermelada a los parlamentarios para que le aprueben los proyectos, como el Agente de Tránsito que recibe coimas para no multar al conductor de un vehículo. Tan corrupto el Magistrado que engaveta un proceso, como el Tesorero del pueblo que requiere de un porcentaje para “pagar” una cuentecita. Tan corrupto el Fiscal General cuando se hace el loco con las conductas punibles de los amigos del Presidente, como el Contralor Municipal que tiene como jefe al Alcalde que debe controlar. Corrupción al norte, al sur, al este y al oeste. Arriba y abajo.

Con razón el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) en 2021 para Colombia, medido por Transparencia Internacional, quedó en 39 puntos de 100 posibles, donde 100 es ausencia de corrupción. En general, una calificación por debajo de 50 puntos indica niveles de corrupción muy serios en el sector público. Nos falta mucho para que dejen de mirarnos como corruptos. De ahí que la gestión del nuevo gobernante en este tema, debe ser muy intensa y calificada, para poder cambiar este estado de cosas.

Y en asuntos de corrupción, la contratación pública debe llevar la bandera. Porque el clientelismo azota a todas las esferas de la clase política, porque hay que pagar los favores de la campaña que se tradujo en votos, porque hay que ayudar a los amigos que los ayudaron y porque la igualdad de oportunidades es un simple sofisma de distracción para que sigamos creyendo que estamos en un régimen democrático. La contratación pública es, de lejos, el mayor canal de desagüe por el que se van los recursos públicos.

En La Guajira, por ejemplo, las regalías se han ido por contratación. Antes de la era de las regalías, los alcaldes y los gobernadores terminaban su gestión como gobernantes, con la cabeza en alto y la mirada erguida por la satisfacción del deber cumplido. Desde que aparecieron las millonarias regalías, los gobernantes comenzaron a tener bolsillos largos, las campañas políticas se encarecieron, los contratos comenzaron a dominar el escenario y la mayoría de los gobernantes terminan enjuiciados, inhabilitados y/o presos por su gestión. Los ejemplos van del escándalo del dengue al de los megacolegios y de las instalaciones deportivas a las piscinas populares donde no hay acueducto. Todo es posible cuando el objetivo no es cubrir las principales necesidades sociales sino el de llenar indebidamente bolsillos largos.

Lo último que se ha sabido por investigación de la Contraloría General de la República es la red corrupta que involucra al Ocad Paz con una contratación en serie de paneles solares en los municipios guajiros de Dibulla, Fonseca y San Juan del Cesar. Pero no solo eran para La Guajira y el Cesar. La Ocad Paz deja en pañales el escándalo de Centros Poblados. Con la participación de parlamentarios se aprobaron proyectos sin requisitos porque la coima iba por delante. Proyectos en serie creados por una sola persona pero replicados en varios municipios con ‘uniones temporales’ diferentes. Quedan mal parados el Sistema General de Regalías, el Ocad PAZ, y hasta Planeación Nacional, pero se demuestra que la corrupción es un monstruo de mil cabezas.

Ante esto, solo la denuncia pública y la implicación de la sociedad civil, podrá derrotar al monstruo. Es menos difícil la tarea, claro está, cuando hay un gobierno que dice estar dispuesto a hacerla.