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Los procesos de reactivación económica regional requieren de acciones rápidas, masivas y compulsivas. Las obras e inversiones no siempre deben ser grandes y ambiciosas. Lo importante es que se inicien de manera inmediata, que sean muchas al mismo tiempo, que se ambicione hacerlas, se terminen y se usen socialmente con el propósito de generar ingresos, activar mercados locales y cambiar vidas.

Para el caso de La Guajira, el camino está abonado. La construcción, el sector agrícola y el turismo, le caen como anillo al dedo. El Contralor Carlos Felipe Córdoba, recientemente señaló que existen obras en calidad de elefantes blancos de los gobiernos territoriales por valor de COP $114 mil millones que están paralizadas en el 70 % de su ejecución. La idea es reiniciarlas, ejecutarlas y terminar todas las obras que estén contratadas para impulsar la demanda efectiva regional, justo en el momento en que la industria minera se encuentra paralizada.

Hay que cerrar la discusión y generar acuerdos sobre qué sector del distrito de riego del Ranchería debe iniciarse, bajo los principios de sostenibilidad y progresividad buscando la universalidad. Igualmente, estimular los emprendimientos comunitarios a través del eco y etnoturismo.

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La reactivación económica requiere impactar a sectores vulnerables que verán afectados sus ingresos por la desaparición de muchos de los subsidios en el corto plazo. Las inversiones locales se hacen necesarias y mucho más si ellas se realizan en las comunidades étnicas. Así las cosas, el gobierno nacional con los gobiernos territoriales y las empresas privadas, deberían cerrar filas en el departamento para implementar y ejecutar por lo menos las 10 sentencias judiciales que promueven pequeñas obras que pueden cambiar las vidas de las comunidades protegidas y estimular la demanda local y regional.

Una de ellas es la Sentencia T-302 de 2017, la que se convierte en el gran Plan de Desarrollo de las comunidades wayuu de la Alta y Media Guajira y con ello la crisis se convierte en una oportunidad para iniciar la revolución de las pequeñas cosas en las comunidades, poblados y corregimientos.