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Los caminos que conducen a la plenitud del ser humano, quizás están consignados por senderos poco transitables, y precisamente por no estar marcados es que te llevan a los espacios donde los sentidos se despiertan de mejor forma, como cuando vas por aquella ruta pedregosa y en procura de menos tiempo te adentras sobre hiervas, al final te topas con la parte del río más animada y cristalina.

Las formas por tratar de construir el concepto de felicidad ha estado tan nutrido, como las mismas realidades perniciosas de limitarlo, en este ejercicio encontramos cualquier cantidad de ideas, algunas más conocidas que otras, pero si miramos con detalle como dice Milanés entenderemos lo extraordinario de la simplicidad.

Iván Ovalle en la canción esos ojos negros, expone que “la felicidad en esta vida no es difícil no es esquiva va en el alma de la Gente” y continúa indicando que con ella (la felicidad) se puede conseguir cualquier cosa, como un hecho previo e intrínseco. Por parte del Guajiro nacido en San Juan del Cesar, Roberto Calderón en la canción el corazón del valle, una majestuosa manera de plasmar su idea por las formas de la naturaleza, expresa “sé que todo río se tuerce pa’ buscar el cauce de un mejor andar, y lo mismo hace la gente va buscando siempre la felicidad”. 

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Si tomamos estas dos expresiones de un folclor que es más rico de lo que pensamos, podríamos encontrar en sus líneas que suelen ventilarse al son de tragos y alegría las ideas propias y más altas de la felicidad.

Un aporte a estas líneas serían los postulados del Eudenismo como un concepto, que con el perdón de los estudiosos de la filosofía involucra en sus varias corrientes el gran propósito de alcanzar la felicidad como un valor superior, la idea compleja y a la vez sencilla que anhela el ser humano.

Si escuchamos la canción del Guajiro Calderón y leemos a Pávese, quien expone que el vivir día con día, instante por instante es solo lo que conlleva a la felicidad del nuevo comienzo, porque solo quien está alerta a cada momento es quien en cada momento puede “buscar siempre la felicidad”.

Otras teorías han tratado de buscar la idea de la felicidad en lo material, en los aspectos banales, que no se resisten al tiempo, por ello solo el vivir deja en la impresión del recuerdo la posibilidad de acudir al momento cada cuando quieras, como lo parafrasea el Cubano Pablo en algunas de sus canciones “es tan sencillo como ir a buscarlo”. 

Sin embargo desde las mismas canciones vallenatas, pasando por las corrientes filosóficas, acudiendo a tus anhelos, tus recuerdos, tus planes, las ideas sobre las cuales construyes tu vida día a día, todas ellas conducen a entender que la felicidad está en el ser humano, como verdadero hacedor de la sensación.

Lo contrario sería tratar de entender una bella obra de arte por la técnica del artista, o los instrumentos que utilizó para crearla, y no en él mismo, y lo que pasaba por su mente y espíritu cuando la hizo.

La felicidad puede entenderse como la satisfacción por entregar lo mejor en tu trabajo, independiente del resultado, o de sentirte a gusto con tu soledad o en compañía, pero no como hechos eternos, sino que día con día ofrecen una realidad diferente. Así las cosas la felicidad no es cambiante, quizás los instrumentos que hagan que se despierte en ti son los que como la misma vida se van matizando.

Es tan simple entender el concepto, como sacar lo mejor de una noche bajo el sabor de una cerveza fría ante una vista majestuosa y música de Polo Montañez, sin saber que pueda pasar mañana, o buscar en el aroma de un buen café el momento perfecto para despertar una idea, como una invitación para volver a nacer, “más allá de la verdad y de la razón”.