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(Segunda parte)

Ahora que el gas en Colombia ha pasado de la abundancia a la escasez, sobre todo desde que las reservas de La Guajira entraron en franca declinación, La Guajira nuevamente se convierte en la tabla de salvación para el país.

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En efecto, en el año 2014 se descubrió un gran prospecto en el denominado Bloque Tayrona, bautizado con el nombre de Orca por parte de la Asociación Ecopetrol – Petrobras, siendo esta última la Operadora de este campo, situado en aguas profundas, apenas a 40 kilómetros al norte de la orilla de nuestro mar Caribe.

De otra parte, en el Cerrejón se cuenta no sólo con sus enormes riquezas de carbón sino que atrapado entre sus intersticios, bajo tierra, se cuenta con unas enormes reservas inexplotadas aún de gas metano asociado a los mantos de carbón (CBM, por sus siglas en inglés). De extraerse estas reservas el país podrá espantar el fantasma de la importación que nos acecha, esta vez de gas natural, el cual está llamado a convertirse en el combustible de puente en esta Transición energética.

En el entretanto, mientras llega ese momento, lo más aconsejable es contar con una planta bidireccional, que pueda regasificar el gas licuado cuando se tenga que importar para cubrir nuestro déficit y a futuro licuar el gas para exportarlo cuando empecemos a tener excedentes del mismo, en lugar de embarcarnos en el embeleco de instalar una planta regasificadora en el Pacífico, en donde puede salir más caro el caldo que los huevos.

Ahora cuando las energías de origen fósil están en el lugar equivocado de la historia y se ha despertado una gran aversión por ellas, por ser altamente contaminantes del medioambiente y contribuir al cambio climático con sus emisiones de gases de efecto invernadero con su combustión, se están abriendo paso las fuentes no convencionales de energías renovables (FNCER) y limpias. Y una vez más La Guajira salta a la palestra por contar con el mayor potencial de las mismas, tanto por la velocidad e intensidad del viento como también por la gran luminosidad y radiación solar.

De allí que el mayor número de proyectos de parques eólicos, 9 de ellos, se están instalando en La Guajira y a futuro se espera contar con muchas granjas solares, convirtiéndose la península de La Guajira en el mayor emporio de FNCER del país y uno de los más importantes del Suramérica. En las dos subastas que tuvieron lugar en febrero y octubre de 2019, respectivamente, esta última para asignar contratos de largo plazo de FNCER exclusivamente, en la que convergieron generadores y comercializadores, sumados estamos hablando de 6 proyectos eólicos que ya están en ejecución y que hacia el 2022 verán la luz. De esta manera el país, gracias a La Guajira dará un salto, pasando la participación de FNCER del 0.3 % al 14 %.

La Guajira se perfila, además, dada sus ventajas comparativas, como gran productor de hidrógeno. Este puede ser verde, el cual, además de servir como combustible puede servir como una forma de almacenar la energía generada por los parques eólicos y las granjas solares, obviando de paso la limitante que representa su intermitencia.

Esta suele suplirse mediante la utilización de baterías, pero el hidrógeno se constituye en la otra alternativa, dado que mediante el proceso de hidrólisis la energía empleada se convierte en el mismo. El ministerio de Minas y Energía está avanzando en el trazado de la hoja de ruta para avanzar en materia de la producción de hidrógeno, como ya se apresta a hacerlo Chile.

Hay que tener en cuenta que las FNCER contemplan no sólo con la generación eólica y solar-fotovoltaica sino también la que tiene como fuente la biomasa, que como ya dijimos ya La Guajira incursionó en ella a través de los biocombustibles y, cómo no, está también la energía generada a filo de agua, aprovechando la corriente y las pequeñas centrales hidroeléctricas (PCH). En estas, también tiene La Guajira oportunidades muy promisorias, me refiero a la microcentral con capacidad de 22.6 GWH/año que hace parte como uno de sus componentes del proyecto multipropósito del Ranchería.

Además, bien vale la pena considerar la rehabilitación de la microcentral de Caracolí, la primera que se instaló y operó en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta como Piloto por parte del Programa Especial de Energía de la Costa Atlántica (PESENCA), hacia 1987. No está de más recordar que el estudio adelantado por PESENCA, para tratar de establecer el potencial de FNCER de la región Caribe fue pionero en su género.