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Cuenta la historia política nacional que el general Rafael Reyes en 1904, fue presidente de la República de Colombia gracias al fraude electoral que se cometió en la entonces Intendencia de La Guajira, en el que tuvo papel predominante el patricio conservador Juan Manuel Iguarán quien entonces fungía como Intendente. Se cambió el curso de la historia porque si no hubiera sido así, el presidente hubiera sido Joaquín F. Vélez.

Que se sepa, es el primer fraude electoral de carácter nacional, pero desde entonces somos noticia electoralmente. Esos hechos se conocen como el Registro de Padilla porque así se denominaba a los entonces municipios que conformaban la Provincia de  Padilla y en la que el entonces coronel Iguarán, mediante fraude posteriormente comprobado y sin que se hubiera reunido lo que se denominaba Asamblea Electoral, se ‘inventó’ 45 votos a favor de Reyes, lo cual era suficiente para elevarlo a la silla presidencial en perjuicio de Vélez.

Pero la historia política relativa a engaños electorales en el Departamento de La Guajira no se queda ahí. Años más tarde el denominado padre del Departamento José Ignacio Vives Echeverría (1926-2007) reconoció que en 1964 ‘le tocó’ falsificar las firmas de dos (2) concejales de San Juan del Cesar, Enrique Brito (q.e.p.d.) entre ellos, porque la Constitución Política exigía  las firmas de las tres cuartas partes de los concejales del presunto nuevo Departamento.

Con esas dos firmas falsas, autenticadas falsamente en Notaría Pública, se aprobó la Ley 19 del 10 de noviembre de 1964, que le dio vida jurídica al Departamento de la Guajira. Lastimosamente, desde su nacimiento, el Departamento de La Guajira se ha visto sometido por sus dirigentes políticos a toda clase de figuras, sobre todo de las que caen en el ámbito del código penal.

Lo curioso, o lo triste, según como se mire, es que la generalidad de los ciudadanos guajiros acostumbrados al manejo de la política en la región, piensan que todo anda bien porque todos los políticos regionales y también los nacionales hacen lo mismo.

Es decir, constriñen al elector, compran conciencias, ofrecen dádivas muchas veces en forma de empleo o contratos, logran que hasta los muertos voten mediante suplantaciones, etc. De una u otra manera siempre hemos consentido (todos los guajiros) la violación reiterativa del código penal en cuanto a elecciones se trata. 

Y cuando se aplica la ley, como en el caso de la elecciones de 2018, decimos generalmente “De malas el pobre Wilmer porque aquí todo el mundo hace lo mismo”. El colmo, pero así es. Hemos consentido durante toda la vida el trato denigrante que se da a nuestros indígenas wayuu el día de las elecciones. Los hemos utilizados siempre.

Los buscan en camiones, los guardan en patios o corrales, les retienen las cédulas, les dan bolsas con maíz, arroz y panelas,  les enseñan a marcar el tarjetón sobre la cara del candidato y los devuelven a sus rancherías porque ya cumplieron con el “deber sagrado del voto”.

También hemos consentido la trashumancia electoral cuando muchos ciudadanos son obligados a inscribirse ‘voluntariamente’ en puntos claves del departamento por aquello del control para que los votos “no se pierdan” y que les den por esa inscripción unos cuantos pesos o unos materiales de construcción como un primer pago por el voto futuro.

Todo eso, a los guajiros nos parece de risa y el político infractor nos parece un líder sagaz, un habilidoso de la política, un inteligente hombre de gobierno. A todos nos cabe parte de la responsabilidad de permitirlo. Por acción o por omisión. 

Pero esto no debe seguir así. La sociedad civil tiene que hacer algo para acabar con tanta indignidad. Yo invito muy especialmente a los estudiantes de Derecho de la universidad de La Guajira a que lideren un gran movimiento, aleccionador   primero de los dieciséis delitos electorales que hoy trae el Código Penal y concienciador después acerca de los derechos del elector.

Y todo por respeto a la vida digna de los ciudadanos, sean de la raza que sean y del estrato social que sean. Basta ya de vista gorda.

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