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Se entiende por “cultura popular” a la acumulación de diversas manifestaciones culturales tales como la música, literatura, arte, moda, baile, cine, cibercultura, radio y televisión etc., que son consumidos por el más amplio público.

Con las limitaciones en las actuaciones que venimos ejerciendo en nuestras actividades diarias durante la pandemia, surgen nuevos conceptos ajustados a una realidad para disminuir la velocidad del contagio. Por ello se han planteado medidas de autocuidado basados en el diseño de protocolos, donde se tiene en cuenta el enfoque consciente del sentido común, direccionado a salvaguardar la vida con la prevención de la salud. Este escenario de actualidad nos conduce a una naciente creencia sobre “la nueva normalidad”.

Conmigo son muchas las personas que vivimos a diario un desafío existencial determinado en una espera, como si esta realidad en algún momento pudiera desaparecer para volver a hacer la misma de antes y nos enfocamos en la esperanza que genera la existencia de una vacuna, como si este fármaco también pudiera desaparecer las consecuencias sociales, económicas y culturales que esta pandemia ha dejado a su paso.

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Con la aparición de nuevos contenidos para ser consumido por la cultura popular, nos avisan que la pasada normalidad es sustituida por una nueva. Así queda demostrado por la forma de expresar y vivir la música, el baile, la moda, la cibercultura, la televisión y la radio, etc., esto es muestra que estamos en otra normalidad. Como era de esperase, las resistencias a estos nuevos cambios ha modificado comportamientos emocionales que han trasformado la tolerancia en agresividad, producto del pánico que genera abandonar el estado de confort donde se ha pertenecido.

Este escenario de alteración, por así decirlo, ha modificado los estados emocionales de la gente que con la convicción y la experiencia de vida en la cultura popular reacciona en estos casos con miedo, dejando a la interpretación una desobediencia social. Casos como el llamado inicial que se hizo a la sociedad “quédate en casa” generó reacciones diferentes de acuerdo al estrato social donde el mensaje se escuchó. Fue de obediencia en los estratos donde las personas tenían como subsistir sin salir de casa, pero generó rechazo, expresados a través de memes, en círculos sociales donde se tiene que salir a diario para poder sobrevivir. 

Hoy nos toca desaprender muchas cosas con la que vivíamos en la pasada normalidad, por llamarla de alguna manera, y conectarnos con la naciente, la cual demanda comportamientos ajustados al autocuidado, cumpliendo protocolos de bioseguridad, y coloca desafíos de presente por resolver cómo es la aplicación de una vacuna para controlar el virus y el diseño de un estado de autoformación en emprendimientos productivos, afirmado en la ecuación; innovación-creatividad-sociedad que busca un resultado de progreso en el nivel de vida de quienes han vivido de la informalidad, solo con el aporte de la cultura popular como medio de subsistencia.

La cultura popular que conocemos se configura en un actuar de calle, donde se toman conocimientos, por demás, empíricos productos de la vivencia diaria que te lleva a construir un mecanismo de autodefensa social. Hoy con toda la base de información existente se puede plantear una trasformación capitalizando la construcción social como resultado de unas políticas públicas, donde pensemos en un ciudadano colaborativo con propósito y no en un individuo funcional, como lo experimentamos en la normalidad que hoy se despide.