La propuesta de una Constituyente

Alfonso Povea Anichiarico

Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son responsabilidad exclusiva de los autores y no representan necesariamente la posición oficial de laguajirahoy. Escríbale al autor a [email protected].


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Aun cuando parezca utópico, sin llegar a proponer una ‘mesa redonda’ como la proponen algunos, la idea de una Constituyente Nacional con todos los integrantes de la oposición valdría la pena intentarlo; pues es suficiente con la intransigencia de quienes de cualquier forma, están llevando este país a un precipicio más hondo en el que actualmente se encuentra.

Nosotros sabemos que los problemas políticos y sociales no se solucionan con la psicología, pero a falta de ella inequívocamente, se pueden confundir y enmarañan, si agregamos una insensatez y la ceguera de muchos coterráneos. No todos los colombianos son oposición, ni los que conforman la idea gatopardiana -que son minoría-, maníacos partidarios de estas luchas y escaramuzas fratricidas.

De igual forma hay que salir de esa falsa creencia, que Colombia en la realidad es una República Unitaria, como se obstinan en decirlo con soberbia quienes ignoran la otra Colombia muy lejos del poder del centralismo imposible de desconocer y demasiada tendencias para olvidar.

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Estas simplificaciones no hacen más que endurecer el problema ya que estas dos Colombias por añadidura, se justifican una a otra y no se encuentran más  que en su consecuencia en su brutal insuperable antagonismo que es mortal. Demuestran así, día tras día, pero con el absurdo que los campesinos nativos y los pobladores citadinos están condenados a vivir o a morir juntos. He allí una de las razones de quienes justifican así la lucha armada como único medio de acometer contra la injusticia social.

He ahí por qué la idea de una reunión de una pequeña Constituyente, en la que se encuentren a la vez sin reserva, los  representantes de todas las tendencias, desde los medios de la guerrilla desmoviliza, todos los partidos políticos y de otras organizaciones representativas, a fin de no morir en esta lucha que cobija sin excepción a todos, a fuerza de querer sobrevivir, me sigue pareciendo valedera, así muchos en sus criticas consideren ilusoria y fantástica, esta respetuosa proposición.

No es bueno, en efecto, que los colombianos vivan en la soledad de facciones. No es aconsejable que permanezcan enfrentados largo tiempo con los odios, o con la humillación, ni siguiera con los aturdimientos de sueños de pesadillas  desesperados. El mundo global de hoy es el enemigo invisible; el combate en ese abstracto y por esa circunstancia, nada en nuestro medio lo ilumina y suaviza. Ver a los que piensan diferente a otros, es considerarlo un adversario y vano en sus percepciones, juicios, opiniones y consideraciones. La hora de una convocatoria para un diálogo en una pequeña  y verdadera Constituyente Nacional, será la hora de las responsabilidades.

Pero con la condición de que esta reunión asambleísta, se haga legalmente y dentro de la claridad. En lo referente a la lealtad queda en manos de quienes acepten esa delegación. Al menos no es preciso que esta convocatoria sea utilizada en la entraña de un nuevo plan de impotentes chalaneos —como la Asamblea Constituyente 1991— destinado a mantener en  el poder a determinadas personas que aparentemente han elegido el oficio de político por no tener política alguna en favor del pueblo.

Pero la objetividad no es la neutralidad. El esfuerzo de comprensión no tiene sentido más que si arriesga aclarar una toma de posición. Y una vez más analicemos la situación que vive el país .Y digámoslo inmediatamente, enfrentando la  desesperanza, puesto que en Colombia hoy la desesperanza es una abierta guerra civil.

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