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Los primeros días del año dediqué gran parte del tiempo a consumir documentales de todo tipo a través de la plataforma de YouTube. Desde “Crímenes de la era colonial”, transitando entre “El sexo en la frontera” y “Los Hikikomori, japoneses que decidieron no volver a salir de sus casas”, “Los niños de la calle en Filipinas”, “Los Menonitas” hasta que finalmente tropecé con un título que llamó mucho mi atención: “El imperio de los sin sexo”.

El documental, realizado por Pierre Claude, escritor, director y productor francés, aborda el concepto que se ha tejido socialmente en torno a las practicas del sexo, al incipiente auge de la sexualidad virtual y, por supuesto, al papel trascendental que ocupa la tecnología en el hito de este nuevo paradigma.

La cultura japonesa conocida mundialmente por su imponente mezcla de tradiciones milenarias y el desarrollo del ímpetu innovador asociado a las tecnologías emergentes, ha sobrepasado cualquier estándar en la imaginación humana.

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Sin embargo, a través de los años esta dualidad convergente, ha terminado por condicionar algunos factores psicoafectivos y psicosociales entre los japoneses. De allí, a que “El imperio de los sin sexo”, refleje la decadencia de las relaciones humanas y la desvirtuación referente a la creencia sexual tradicional. Esta noción subjetiva, no se aleja mucho de la realidad occidental y por supuesto, en nuestra sociedad local.

Los lazos afectivos han venido resquebrajándose a galope y la sexualidad humana empieza a corromperse, en la medida que una promiscuidad en ascenso, incide directamente en los intereses básicos del mundo. Justo allí, en la frontera de la satisfacción del cuerpo y el “facilismo” para proveer herramientas que impulsen tales deseos, es donde la evolución de la tecnología se asume como un paradigma trascendental de doble filo.

En parte porque las sociedades han adoptado nuevos intereses flagelados por ambiciones políticas y en otra porque lo “natural” ha dejado de ser “normal” y a lo “aberrante” se le denomina “exquisito”. En ambos casos, la tecnología se perfila como un sujeto inherente en las frivolidades humanas.

La nueva era tecnológica, contribuye directamente a que el concepto de la sexualidad y el sexo se tergiversen de manera errónea. Por ejemplo, en Japón, existen las cabinas de video box o comúnmente “mangas cafés”, salas especializadas en el auto placer, distribuidas en toda la ciudad donde los hombres pueden alquilar videos pornográficos y masturbarse con tranquilidad. De estas cabinas, hacia el año del 2003 existían 500 en todo Tokio, un hecho realmente perturbador en una sociedad donde las parejas practican sexo dos o tres veces al año.

Para esta clase de sexo mecánico y de satisfacción individual, se dispone de una amplia gama de objetos para la masturbación masculina. Curiosamente entre ellos se encuentra uno en particular, el “Tenga”, un juguete diseñado para la satisfacción individual a un bajo costo, que fue concebido para asimilarse a una vagina real y que puede llegar a transmitir sensaciones parecidas a las que tienen lugar en el coito humano o cópula vaginal, como se le conoce científicamente.

En occidente, quizás no existen propiamente estas cuevas de pornografía, pero el consumo de material porno también es masivo desde los hogares, gracias a la tecnología y a los dispositivos móviles. En Colombia, el 46 % de los colombianos consume pornografía y esta actividad adictiva ha sobrepasado un umbral inimaginable, calando muy bien entre los adolescentes e incluso en niños menores de 12 años. Hasta el punto, en que muchas personas prefieren este tipo de placer auto inducido, al sexo tradicional entre dos personas.

Resulta poco exagerado argumentar que las buenas prácticas de la sexualidad han perdido auge. Con el paso de los años, el contenido sexual es más diverso y más promiscuo comparado a tiempos anteriores. Incluso las prácticas tradicionales han adoptado un esquema menos rutinario y otras más recientes como Booty call, Precop, King out, Sexdiet, Cuckold, Gang Bang, Sexting, entre otras, incluso más aberrantes que ponen los pelos de punta, para bien o para mal, han rediseñado el concepto.

Los sitios web que apuestan por el negocio de los cuerpos, son cada vez más numerosos y la cantidad de personas que dedican su tiempo en ello, también aumentan paulatinamente.

Hoy día pensar en el futuro resulta “utópico”, y más aún cuando la “fidelidad” y los “dogmas morales” se ofrecen como “objetos no indispensables” para la sociedad.

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