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Si en el escenario educativo institucional del país el regreso a las clases académicas será semipresencial, complementada con el registro virtual, cubriendo distancia y con ‘tapaboca’, a la universidad de La Guajira la nueva instrucción conminará un modelo académico mezclado en un proceso de enseñanza-aprendizaje presencial y virtual obligatorio.

Este inédito panorama ‘académico’ institucionalizado por el coronavirus, es el inicio de una nueva experiencia que para muchos, será lo mismo que, nacer una vez más. Un contexto desconocido que afecta de una u otra forma el escenario interrelacional de la comunidad académica; ahora, el ‘control’ de la longevidad de la amistad, del conocer, del discutir académico, del saludo, en el cuerpo estamentario, queda subsumido por una variante coyuntural virtual-digital que parece ser donde va a transitar la vida humana.

La pandemia como instrumento de trabajo ritualiza su quehacer como, parafraseando a Moscovici, una mentalidad de conspiración, que acelera su presencia con el control social que invade las sociedades dadas. Las ganancias alcanzadas con holgura en el entendimiento y comprensión humana, se desvanece en la profundidad de la instrumentalización virtual.

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Esto implica reescribir el estado natural de la interacción humana en UniGuajira: el saludo jocoso de buenos días para cayi y Teolinda; cómo no recordar el apretón de manos como saludo respetuoso para las/os compañeras/os visualizados en el campus; el discutir académico, administrativo, político y sindical con el profe Fajardo; el reafirmar cotidiano de la amistad con José Jorge y Víctor Soto, y tantos otros que circulan por las entrañas institucionales de la U.

El compartir merienda con la ‘flakis’ y otros, donde Teófilo o la “vieja” mari; disfrutar las defensas argumentativas de las/os estudiantes; de la frase bonachona y generadora de confianza “qué hay por ahí” del rector Robles Julio; el compartir saludos con Lulia…en fin, la historia de vida humana en UniGuajira, se ilustra con vivencias y experiencias cotidianas en el gozo interhumano.

Las mismas, que permitieron institucionalizar el constructo de un mundo mejor con alcances insospechados de creación humana. Pero…el invite del contexto actual no incluye la tolerancia del saludo y compartir humano en el marco de la presencialidad…el presente, atiende la historia virtual del comportamiento humano como una realidad de subsistencia, lo cual, nos conduce a explorar una nueva realidad cognitiva con fines de intelectualidad.

Que, como proceso, tiene unas implicancias innovadoras que empujan a las personas a aceptar la nueva discrecionalidad virtual con fines de no desaparecer del contexto. La irrupción de este nuevo pensar, trae consigo unas inconsistencias psicológicas llamada por Festinger, disonancia cognitiva que tiene incidencia en las actitudes, pensamientos, comportamientos y percepciones de las personas.

Para Festinger, la celebración de dos o más cogniciones inconsistentes despierta el estado de disonancia cognitiva, que se experimenta como una tensión incómoda. Esta tensión tiene propiedades de conducción y debe reducirse. En este orden, la contradicción entre el pasado reciente y la afirmación en la regulación virtual de los procesos académicos y administrativos en la universidad de La Guajira, crea disonancia.

La connivencia institucional con el nuevo orden de control global, le trae unas responsabilidades a la universidad con fines de reducir la llamada disonancia. Esto es, intentar cambiar actitudes y percepciones en el cuerpo estamentario y afines, lo cual se asume como un desafío en la intención de cualificar los procesos y procedimientos institucionales en la búsqueda de la acreditación.

En el marco de la estrechez virtual y la reciprocidad institucional creemos que la dirección a seguir incluye capacitación virtual y digital, como tarea inicial de disminuir la disonancia preestablecida por la pandemia e intentando atender el nuevo orden post pandemia.

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