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Planeación Nacional, Anif y Fedesarrollo, entre otras instituciones, se quedaron cortas en sus predicciones sobre pobreza general y pobreza extrema para el año 2020. El 29 de abril, el Dane reveló las cifras de sus estudios, y por calificarlas de alguna manera suave, son tétricas. El índice de pobreza monetaria en Colombia para 2020 aumentó 6,8 puntos porcentuales y se ubicó en 42,5 por ciento. Pero las estadísticas no son solo datos. También gritan y hay que escucharlas.

Eso de que haya casi siete millones y medio de personas que devenguen menos de 145.000 (pesos mas, pesos menos) y que por lo tanto ese ingreso no les alcanza para procurarse una alimentación de al menos 2.100 calorías diarias, es no solo triste sino catastrófico.

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Igual eso de que haya un poco más de 21 millones de pobres “monetarios”, es decir aquellos que no superan los 330.000 (pesos más, pesos menos) de ingresos mensuales, no solo es para llevarse las manos a la cabeza. También es para despertar.

Y si en Colombia en general llueve, en La Guajira diluvia. En Riohacha, por ejemplo, se ratifica que más de la mitad (57.1 por ciento) de la población es pobre, es decir tienen ingresos inferiores a 330.000 pesos. Y no hay que olvidar algo que no se midió ahora, la pobreza multidimensional, que a nivel departamental en 2018 nos dejó en los últimos lugares con valores de 51.4 por ciento mientras que el promedio nacional estuvo por los 19.6 por ciento . Así las cosas, como se esperaba, la pandemia arrasa más a los pobres.

La pobreza también castiga más a los más débiles. Por eso la mujer salió más castigada. Y si es cabeza de hogar, peor que peor. Y si además de cabeza de hogar, pertenece a los estratos 1 o 2 y además es menor de 25 años, requete peor. En general la pobreza monetaria determinó un 40,1 por ciento para los hombres y un 46.7 por ciento para las mujeres. Y en general para menores de 25 años se determinó una pobreza monetaria de 50.7 por ciento. ¡¡Al caído, caerle!!

Y hasta aquí no se ha hablado de la desigualdad de ingresos que también agrava el problema. Ya sabemos que Colombia es uno de los países más desiguales del mundo y que La Guajira junto con el Chocó también son los más desiguales del país. Pues bien, a nivel nacional el Índice de Gini también empeoró pasando de 0,526 en el 2019 a 0,544 en 2020.

Esto significa que se amplió aún más la brecha entre ricos y pobres. Los que más tenían en promedio ahora tienen más y los que menos tenían, en promedio, ahora tienen menos. Solo en un año de pandemia, el índice de Gini alcanzó su mayor dato desde 2012, para vergüenza nacional. Es otro dato que las estadísticas gritan para que lo escuchen los gobernantes.

Ante este estado de realidades, pandemia incluida, vale la pena preguntarse cómo ha sido la gestión de la crisis por el covid-19 en Colombia. Como todo es medible y siempre hay quien mida, el reconocido portal de noticias Bloomberg muestra en su web un ranking donde se analiza esta gestión en el mundo. En ese ranking actualizado a fines de abril, el país más destacado es Singapur, el peor es Brasil y Colombia ocupa el lugar 50 de los 53 estudiados. Poca cosa.

Aún con un manejo de pandemia calificado de malo entre los malos por organizaciones neutrales como Bloomberg, nuestro presidente presenta al Congreso la posibilidad de una reforma tributaria que para mayor ira ciudadana la tilda de “solidaria”. Los resultados de la gestión de la pandemia pretendía trasladarlos a los sectores más deprimidos socialmente, una solidaridad en contravía.

No podía ser solidaria si la pobreza es tal como la ha mostrado el Dane, si el desempleo ronda el 15 por ciento y la informalidad laboral anda cercana al 50 por ciento. No podía ser solidaria si se olvida que el sector financiero dominado por unas cuantas familias a pesar de disminuir utilidades, en el 2020 obtuvo ganancias de 55 billones (con B) de pesos.

Es el sector financiero el que debe correr con el costo mayor de la tal reforma fiscal si se quiere que sea realmente solidaria. Y si se queda corto en recaudo que acudan a los demás grandes capitales del país, antes de intentar aniquilar a los estratos populares con incrementos al IVA o el castigo a los pensionados. Y debe tenerse presente también que los grandes capitales aportan al PIB nacional por impuestos, cerca del 1 por ciento, mientras el promedio latinoamericano es cercano al 8 por ciento.

Por lo anterior, Presidente, entienda que su “reforma solidaria” no le gustaba ni a sus amigos, ni a sus aduladores. Tal vez a los únicos que les gustaba era a quienes pretendían beneficiarse con jugosas mermeladas. Hizo bien en retirarla. Al fin hizo algo bueno aunque haya sido debido a la presión ciudadana. Pero siempre tenga en cuenta que las estadísticas sociales gritan…… y hay que pararle bolas.