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Gobernar es una función ejercida en nombre del pueblo y para beneficio de los demás. El poder que se obtiene manejando el gobierno tiene su origen en la confianza depositada por el pueblo en la persona que dirige la administración; pues en una democracia no puede explicarse un gobernante que realice sus funciones a espaldas de la mayoría que lo llevó al poder, ya que el pueblo expresa sus opiniones a través de los medios de redes de comunicación y da a conocer su acuerdo o desacuerdo de la manera como se están conduciendo los negocios de la administración pública.

El gobernante ha de estar atento a la voz que viene desde la calle. Sus oídos deben escucharla clara y distinta, no sólo para ordenar su acción dentro de los contenidos de la voz popular, sino para afirmar en la opinión pública la autoridad y el poder que le fue conferido; debido a que un gobernante sordo es como una campana sin badajo que no puede repicar, y por consiguiente, la convocatoria a sus electores no podrá ser escuchada, cuando tenga necesidad de dar a conocer lo que piensa y lo que quiere hacer. Y si se gobierna en nombre de otro y ese mandante expresa desacuerdo con lo que está haciendo, el titular de gobierno  debe cambiar el rumbo de su política.

El doctor Ivan Duque Marquez y los miembros de su gobierno, han recibido por diferentes medios, expresiones populares de descontento, que con excepción —de la prevención contra el covid 19— sus medidas han sido tan desacertadas que concitan el repudio de las mayorías nacionales. Sin embargo, pareciera que el mandatario esta sordo y ciego porque ni oye ni ve. Acaso esta ensimismado con su alocución vespertina convirtiéndose en un anunciador, hablando sobre los mismos fastidiosos temas, y esa vanidad lo aleja de la voluntad popular. En este caso, lo peor que puede acontecer a un gobernante y al país, es que el titular de el poder llegue a tener la convicción de que todo lo que hace esta bien hecho, porque entonces no hay posibilidad de rectificación.

El presidente en razón de su posición, que es la mas destacada, ha de asumir una actitud de humildad que lo acerque al pueblo que lo eligió. Y cuando sean tan evidentes los signos de su proceder equivocado, debe con valentía rectificar para colocarse de nuevo, en el sitial de aprecio a que lo ha elevado el pueblo al elegirlo su gobernante. Sin esa actitud no puede haber conciliación y el gobernante termina por convertirse en objeto de repudio por quienes un día lo asignaron con méritos suficientes para conducir los destinos de la República. 

El ejercicio del gobierno además de la responsabilidad limitada concedida, por el hecho de la elección, apareja la ejecución de un programa, que fue promesa en boca del elegido en los días de época electoral siendo un compromiso con el pueblo, que el gobierno actual no está cumpliendo, ya que según expertos analistas la inflación provocada por los gastos excesivos en la administración, el prurito para prever la crisis económica mundial por el coronavirus , el excesivo crecimiento del desempleo, el aumento del costo de vida, con las medidas drásticas creadas por la emergencia afectan aún más a la clase trabajadora y a los pobres del país. El gobierno tiene constancia del descontento pero a toda forma de crítica responde con audacia para tratar de justificar las propias redes de sus contradicciones.

Por ello no puedo afirmar que todo hecho a sobrevenir, pueda estabilizar o empeorar la situación, en relación a las protestas y que estas sean justificadas que se avecinan por las improvisaciones, sino que el desacierto es tanto que llega hasta hacer posible que desacreditadas voces, tachadas de corruptos por su conducta, puedan decir o escribir palabras que, si la gente no escucha complacida, por lo menos las dejan pasar sin imputarlas como es debido, ya que el resentimiento o indiferencia contra el gobierno en manera alguna recomienda otra actitud.

Embelesado el señor presidente Ivan Duque y todo el tren de su gobierno en esta indiferencia frente a los problemas y los planteamientos que son voceados por la oposición, el pueblo y aún por destacados dirigentes de su partido el Centro Democrático, pareciera decirles que por estar haciendo las cosas bien no se sienta obligado a rectificar nada de lo hecho por él hasta ahora. Pero es necesario decirle que las voces que vienen de la calle son piedras en el río y el presidente debe saber que «cuando el río suena piedras trae». Dios no permita que este llegando el tiempo en que la gente se coloque a la orilla de los  ríos y recoja las piedras para lanzarlas contra el mandatario y sus asesores. Me causaría mucha congoja ese público rechazo,  pues veo en el presidente Duque un mandatario inguenuo bien intencionado en hacer un gobierno en la medida de su capacidad –si lo dejan– en que muchos podamos decir: si no lo defiendo, que le quede el consuelo que tampoco lo ataco.

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