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Bien claro está y no se prestar a confusión, que es la oposición la que ha dado el carácter político a las manifestaciones de los pasados días. En esta legislatura la oposición, integrada decididamente por el Partido Verde, Farc, Polo, Fuerza Ciudadana, Unión Patriota, Colombia Humana y Mais como la izquierda, ha pasado de enero 8 escaños a tener 22 en el Congreso.

La influencia de estos movimientos sobre la juventud, y aún sobre los Sindicatos es cada día más patente. El avance de la oposición va cubriendo en forma lenta pero efectiva todas las etapas hacia el predominio relativo, hasta alcanzar el absoluto.

Nadie será tan cándido como para imaginar que la oposición y sus auxiliares van a considerarse satisfechos para siempre con la representación confiada a unos pocos miembros de la pequeña burguesía, tan despreciada por aquellos movimientos. Además, no hace falta rebuscar intenciones ocultas, los órganos del socialismo como el semanario Voz y otros medios de la oposición, han anunciado sin rodeos que, durante el periodo de este gobierno, la oposición irá montando estrategias para despegar con poco esfuerzo la toma del poder con paciencia, artimañas y argumentos estudiados, dentro del consenso legal democrático establecido.

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Sin embargo, este argumento tiene otra fuerza, aunque indirecta: plantea el problema de la utopía. En suma: muchos como yo quisiéramos un país mejor no como el actual carente de justicia social y respeto al derecho ajeno.

Estamos aquí, en efecto, en la contradicción y la utopía, pues precisamente vivimos en un país en el que están legitimándose los hechos ilícitos y tenemos que cambiarlos sí, en efecto, no que queremos que la corrupción y el narcotráfico nos arrastre y por eso debemos reflexionar sobre ello. Pues lo que me sorprende en medio de las polémicas, de las amenazas y de los estallidos de una nueva violencia selectiva, es la buena voluntad de todos para lograr la paz.

Todos, con excepción de algunos que hacen estratagemas, fraudes, engaños y conspiraciones, de la izquierda a la derecha y viceversa, que estiman que su verdad es la propia para construir una verdadera paz entre todos los colombianos.

No puedo dejar de volver sobre el país que acabo de analizar. Y es él y solamente él quien me puede dar una conclusión.  Pues en estas largas jornadas envenenadas por odiosos espectáculos, en medio de muchas sin razones de tanta violencia y corrupción, yo no he podido encontrar una causa diferente en medio de una naturaleza sin semejantes, que la injusticia social, una brutal explotación, un desamparo y un tratamiento discriminatorio a la gran mayoría de los  ciudadanos, frente  a la autoridad que ejecuta la ley.

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