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Los wayuu de Manaure se revelaron contra Big Group, el operador que desde 2015 viene desempeñando la labor de explotar y comercializar los productos provenientes de las salinas.. Esto no es nada nuevo. Es mas bien una noticia recurrente que siempre hace trastabillar el orden social del municipio.

Para entender un poco echemos mirada atrás. En abril de 1970 nace lo que se conoció como IFI Concesión de Salinas que no era mas que un contrato de administración delegada para explotar y comercializar las salinas del país.

El IFI-Concesión de Salinas llegó a Manaure estrenando la inversión millonaria que se hizo en infraestructura productiva lo que permitía elevar la capacidad hasta un millón de toneladas anuales, estrenando también puerto de cargue con Premio Nacional de Ingeniería a bordo y además, tenía monopolio total en el país.

IFI Concesión de Salinas iba viento en popa como los buques que diariamente llevaban sal a Mamonal. Manaure era el principal centro productor de sal del país y entregaba excedentes que a la hora de la verdad servían para aliviar la onerosa carga de las otras salinas del país.

Manaure existía bien o mal, porque el Estado explotaba las salinas y se construyeron obras como hospital, iglesia, viviendas, acueducto para trabajadores y parte de la población, etc. Pero sobre todo, la Provisión de Aguas, la tan anhelada ProAguas, solucionaba problemas porque existía IFI-Concesión de Salinas, en representación del Estado.

Con lo que no contaba IFI-Concesión de Salinas era que las comunidades indígenas de la zona de las salinas, se iban a organizar y a reclamar su derecho a las tierras donde se fabricaba la sal e indemnizaciones por el daño ecológico que el Estado le había producido con su expansión industrial.

Generaron primeramente un proceso de recuperación (así lo llamaban) de territorios, constituyendo áreas de explotación salinera, lo que se vendría a conocer como “charcas paralelas” que utilizaban la salmuera producida por la empresa estatal. Con esto rompieron el monopolio.

Después vino un proceso de organización y configuraron las organizaciones conocidas como Sumain Ichi que integra a los dueños de tierra adyacente a las salinas, Waya Wayuu que agrupa a los explotadores manuales de las charcas Shorshimana y Manaure, y Asocharma que agrupa a los Charqueros “paralelos”.

La lucha de los wayuu coincide con el ímpetu neoliberal que quería disminuir el tamaño del Estado. Llega un momento en que la presión de los wayuu es tan alta que el gobierno cede y se firma el Acuerdo de 1991 que es el que da pié para que mas adelante se expida la Ley 797 de 2003 que autoriza la creación de Sama.

Algunos años después, el Estado se desencartaría de su participación y hoy por hoy Sama está constituida con un 36 % a favor de Sumain Ichi, 30 % de Waya Wayuu, 24 % del municipio de Manaure y 10 % de Asocharma. Lo que antes era responsabilidad del Estado, ahora lo es de Sama con el municipio de Manaure incluido. ¡Arréglenselas como puedan!

La condición que puso el Estado fue que Sama para explotar las Salinas debía contratar un operador privado y por eso aparece Big Group en el 2014. Un operador que no ha dado la talla porque incumple sus compromisos pero también porque le toca lidiar con una cascabel de cuatro cabezas, peligrosa como ella sola porque no sabe para dónde va, por lo que no tiene quien la controle.

En el fondo, hay una debilidad institucional de Sama donde sus actores principales, es decir, los asociados, no han sido capaces de desarmar sus intereses individuales. Mayor culpabilidad debe tener el mismo municipio de Manaure que no ha sido capaz de coordinar esfuerzos ni de liderar las acciones a desarrollar. ¿Quien más que el Municipio podría hacerlo si es el único de los asociados que podría desarrollar una capacidad institucional para conducir a Sama a mejores días? Y recuérdese que todo lo que afecte al día a día de las salinas, afecta el orden social en el Municipio.

Si no se produce un cambio conductual en Sama que mejore su capacidad de gestión, podrán llegar otros operadores pero los conflictos serán recurrentes y diremos nuevamente, ¡vuelve y juega!

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