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“Somos esclavos de lo que decimos y amo de lo que callamos”

Nos quejamos porque hace mucho sol y sopla mucha brisa, mientras nos lamentamos, también, de la falta de oportunidades. En otros lugares del país están pensando y planificando nuestro territorio con los recursos que nosotros jadeamos, a la vez se proyecta la matriz energética nacional valorando los factores climáticos de los cuales nos quejamos, visionando la región para el 2050 que según pronósticos estaríamos produciendo el 20 % de la energía del país.

Nos limitamos a repetir hasta la saciedad que somos un territorio olvidado por el gobierno central, que se nos llevan nuestras riquezas naturales y nos dejan migajas. Estas expresiones nos hacen esclavos y nos convierte en presos sin condena, mientras eso pasa desatendemos los espacios de discusión, dando lugar a que los demás piensen por nosotros, desde una lógica diferente a lo que somos en nuestra condición de hombres y mujeres caribe.

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Somos esclavos de las bonanzas porque nos cortan los esfuerzos a largo plazo, el cual nos apresa la visión de pensamiento y conducta prospectiva. Pensamos con el deseo y no con la razón porque desestimamos la grandeza de nuestra cultura, rebajando nuestra capacidad de pensamiento y actuación, abandonándonos en manos de personas ajenas a nuestra realidad caribe, porque sobrevaloramos el actuar de ellos como seres superiores. Cabe aquí una pregunta, ¿qué nos pasa a los guajiros?

Nos gusta ser dignos de lástima, para condenar el futuro y dejar que otros piensen y decidan por nosotros, dejando un escenario abonado para quienes nos quieran utilizar para sus propios beneficios, nos desunan y nos limiten a discusiones improductivas donde terminamos culpándonos mientras potencializamos a esos seres superiores que desean el beneficio, peros sus arraigos están en otras latitudes diferentes a las de nuestra región.

Poco a poco hemos sostenido una marca en la región, desvalorizada en el contexto del desarrollo sostenible y sustentable, porque la lectura que nos tienen está ligada al subdesarrollo descifrado en pobreza estructural.

Cada vez que nos quejamos alimentamos la crítica y disminuimos la capacidad de acción. Los argumentos que utilizamos son tan superficiales que no pasan de ser chismes para recrear la concurrencia de las redes sociales.

Es importante revisar con responsabilidad y profesionalismo el horizonte de desarrollo que nos espera con el desafío que demanda la post minería extractiva del carbón cuando en el 2034, por lo que se ve en la tendencia de mercado del mineral, la mina cierre sus operaciones, dejándole al estado dos súper puertos, una vía férrea de 150 kilómetros, dos aeropuertos con dos ciudadelas y una infraestructura en talleres, los cuales tenemos que darle una utilidad pensada en el turismo y en la reubicación de la industria que requiere la cercanía a los mercados internacionales, y súmele que seremos una potencia energética.

Esta verdad próspera nos dará la libertad para destruir las cadenas de la pobreza estructural a las cuales hemos estado atados por décadas, para ello debemos hacer esfuerzos importantes por sanar inicialmente el estado mental que nos hace presos de la lástima y la queja para dar paso a la construcción de un modelo educativo que supere la subvaloración como creencia y afirmación cultural.

Un punto de partida para comenzar a construir un periodo de transición de la etapa de cierre minero y la apertura de una producción de energía limpia, esta realidad nos convoca a los guajiros a la reconstrucción de un cambio de actitud donde la critica la convirtamos en acción.