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Sucedió en Maicao hace 21 años. Se llamaba Hernan Anibal Brugés Guerra y contaba con menos de 48 años. Eran cerca de las diez de la noche del tercer viernes de febrero del año 2000, cuando en espera de un taxi, en plena calle 9 con carrera 4 del Barrio Primero de Mayo, recibió en su humanidad seis proyectiles disparados por sicarios que le esperaban para acabar con su vida. Fueron cuatro los proyectiles letales. Es como si lo hubieran matado cuatro veces.

Se desempeñaba desde comienzos de 1998 como Contralor Municipal, pero estaba incomodando a más de uno por las investigaciones de tipo fiscal que adelantaba contra diversos funcionarios y exfuncionarios. Con su vida también se cortaron los procesos.

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Un concejal de entonces, Jaime Boscán Ortiz, aseguró que “creo que la muerte del Contralor fue orquestada por la corrupción que está consumiendo a Maicao”. A lo mejor tenía fundadas razones para asegurarlo, pues conocía el modus operandi de las fieras. En los corrillos populares también se dijo lo mismo.

Decidieron callarlo a punta de bala. ¡Mataron al Contralor!, decía la gente indignada, ¡mataron al Contralor!, se lamentaban las autoridades, pero los autores intelectuales quedaron en la sombra.

El entonces Alcalde (e) Ramón Aguilar Méndez y el Personero Municipal, Manuel Palacio Tiller pidieron a la Fiscalía General de la Nación el envío de “investigadores especiales” para que “develen el manto sombrío que ha caído sobre el departamento con este asesinato reprochable”. Fueron como palabras al viento porque el manto sombrío siguió tapando la verdad.

A pesar de que el caso, por supuesto bienestar procesal, fue asignado a una fiscalía capitalina, judicialmente no fue posible determinar la autoría intelectual. Lo que sí se supo fue que el presunto sicario matador contaba con defensa privada pagada no se sabe por quién y que los únicos testigos del hecho comenzaron a sufrir de amnesia para identificar rostros.

Los asesinos resultaron más poderosos y ni siquiera una reconstrucción adecuada fue posible por la misma amnesia. Las mafias locales involucradas hicieron su trabajo. 

Hernán Anibal Brugés Guerra había nacido en Manaure (La Guajira), bachiller del Liceo Nacional Padilla y abogado de la universidad Gran Colombia de Bogotá. Llegó a Maicao para quedarse. Primero como Juez Municipal y después como abogado litigante; aspiró a la Alcaldía Municipal representando a la AD-M19 y por alianzas políticas fue elegido Contralor siendo burgomaestre Álvaro Guerrero Garrido.

Pero siempre se le vio como amante del futbol desde su Deportivo Maicao, como dirigente deportivo con Maximiliano Moscote y Hernando René Urrea Acosta, ambos tristemente fallecidos en la década del 80 y como líder popular en los sectores menos favorecidos. Esa era su vida hasta que por cumplir con sus funciones tuvo que pisar callos. Y por eso lo mataron.

El Maicao de la época era un polvorín. La conjunción de mafias se sentía hasta en el ambiente. La mezcla de contrabando, drogas, y corrupción, se vio agravada con la llegada progresiva del paramilitarismo y grupos irregulares o más bien sicarios que llegaron a financiar sus actividades no santas. La Guajira entera también sintió los efectos. Tanto que, según datos de la Fiscalía, en el período comprendido entre 1997 y 2007 se registraron en La Guajira 3499 homicidios, casi un muerto diario y no todo era culpa del paramilitarismo.

Las personas allegadas al extinto Contralor manifestaron que no tenía problemas personales que le hubieran podido acarrear peligro, pero que en desarrollo de su labor al frente de la Contraloría tenía muchos casos que se encontraban en proceso de juicios fiscales. En fin, todo quedó a oscuras como la negra noche en que murió Hernán Brugés. Sucedió el 18 de febrero del año 2000 y desde entonces, yo también tengo la tristeza larga. Sigue, por favor, descansando en paz, hermano.