Las opiniones expresadas en las columnas de opinión son responsabilidad exclusiva de los autores y no representan necesariamente la posición oficial de laguajirahoy. Escríbale al autor a [email protected].


-Publicidad-
-Publicidad-

Un hombre próximo a cumplir 42 años se levanta una mañana, y entre los gestos sonámbulos que quieren amarrarlo a su almohada, mientras trata de precisar los pasos de su rutina para ese día, por cierta naturalidad de preocupación cuando sientes que los años te llegan, decide en retrospectiva pensar un rato.

Por la lectura de la noche anterior, empieza a entender la nostalgia, no solo como un “sentimiento” de evocación, sino además como una forma de volver a vivir, un placentero o tortuoso de su momentos.

-Publicidad-

Acudió a las matemáticas y dividió sus años en dos grupos, de 21 cada uno, en el primero de ellos, clasificó sus días de niño y juventud, cuando entendía el esfuerzo económico que tenía la pretensión de un regalo, como una expresión del sentimiento a su madre, que podía convertir una jarrita roja de plástico que compró en una tienda de sorpresas, en un regalo extraordinario para el mes de mayo.

Recordó sus días en un cuarto sencillo en Riohacha (La Guajira) sin mayores lujos, cuando por las noches tocaba compartir una hamaca con su padre, el olor de la bebida fermentada y sus efectos al dormir le resultaban en este momento bastante peculiares.

Pensaba en sus siguientes 21 años, en ellos los recuerdos constantemente invadían sus noches al ir a dormir, como una especie de alerta que te quiere mantener en la nota de algo que no puedes olvidar, o de algo que necesitas en tu nueva vida para darle el propósito que tiene.

Dividir la vida en grupos de años, te lleva inexorablemente a entender sus vaivenes, a comprender como de la escasez extrema, lo que resultaba difícil ahora no lo es tanto, y lo que conlleva una facilidad ahora puede ser traumático o complejo, como asociar el sentido de la libertad al saltar en un arroyo de camino a la escuela.

Sus otros 21 años fueron más de rutinas y de complejos, le hicieron pensar en que la verdadera paradoja del ser humano es entender en todos sus años a qué puntos constantemente nos están llevando los caminos, como cuando debes repetir una plana, y crees que es un acto sin sentido, cuando sin darte cuenta, la vida, con otros actores, lugares y tiempos, siempre te llevará a repetir la esencia de las ideas.

Así entonces las posibilidades de poder retomar ejercicios de tu vida presente, conjugando hechos de tus años pasados, es tan factible como tomar un café cerrando los ojos ubicando tu espíritu donde quieras o con quien quieras estar.

Esas mil formas de vivir podrían representar en ejercicios matemáticos un cúmulo de tantos hechos, que implican para la persona decidir en qué punto de los números colocas los signos, para sumas, restas o divisiones, y si tienes presente el testamento del pescador, qué debe cruzarse por tu camino, independiente de lo que creas, serán momentos en tu cajón mental, los cuales en un futuro se proyectarán para despertarte algo.

Puedes por ejemplo decidir nutrir sonrisas como la de Dilsa Castro y sus dos hijos, y acompañar en una aventura a Leonor, y tratar de vivir en la vida con ellos la verdadera naturaleza del ser humano, como es la hermandad.

Si encuentran en la sonrisa de otro ser humano la tuya por otros tiempos, te puedes dar el lujo de vivir mil vidas y mil años, como cuando pegado a la ventana del bus soñabas con esa casa y esas cosas que hoy no te sorprenden, por eso la escasez te despierta y te recuerda lo que quieres, y si la escasez de tu hermano la haces tuya, siempre quedarán sestas por llenar, techos por montar, pero nunca sonrisas por descubrir, esas siempre van a estar.

Mil años no pueden ser suficientes, si crees que el propósito de la vida es mantenerse por más tiempo, sin embargo, mil vidas pueden ser una realidad, si entiendes como un niño cuando crea un castillo con sábanas, que en la mente esta la mejor forma de proyectar nuestro entorno, tomando la nostalgia como un instrumento para evocar y proyectar en la vida de otros lo que tu vida ha dejado para ti.

El hombre dejó de pensar y se encaminó al inicio de su rutina, con ansias esperaba la noche para saber qué vida llegaría a su cabeza antes de dormir.