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Al margen de nuestros conocimientos médicos, las distintas circunstancias sobre las cuales nos hemos tenido que mover, afrontar, o instrucciones que atender, ante una lógica sobre el problema, la acción y resultados, permiten exponer en algunos casos de manera más puntual y pertinente que en otros, a partir de una arista muy importante en contextos de investigación y ciencia, esto es observación y experiencia, una alternativa de “combate”.

De las abundantes noticias que a diario observamos y escuchamos en distintos medios, y del temor o tranquilidad que puedan generar en nuestras habitualidades, si tal medicamento funcionó, o si aquella precaución es más efectiva.

Escuché del Vicerrector de una Universidad del interior del País, una idea para nada descabellada. Si debemos tener el virus como un enemigo, se debería pensar que en el ring, nos hemos movidos a su complacencia, que ha dado cuenta y aprovecha nuestras debilidades y nos ha mantenido en un acto de defensa.

En cualquier escenario de confrontación, es importante establecer estrategias de defensa y de ataque, y además más importante es evaluar el resultado de esas estrategias, salvo que como en el boxeo queramos como Mohamed Ali, buscar una esquina y esperar a recibir golpes para que nuestro oponente se canse y allí salir a lanzar los nuestros, hecho que no lo he observado como tal en nuestro caso, y no creo que el virus se “note” incomodo ante dicha técnica.

Tengamos presente nuestra acción más valiosa, el confinamiento, puntos positivos, siempre que en su gran mayoría no circulen personas por la calle, ello implica menos posibilidades de contagio, y por ende más posibilidades de vencer. Puntos negativos, somos una sociedad que ni culturalmente, ni menos económicamente estamos preparados para quedarnos en casa, y no es precisamente la obediencia nuestra mejor acción.

Así entonces que cuando evaluamos estrategias, debemos aceptar que hoy resulta casi que inoperante un confinamiento, que en apreciación parece estar en los decretos y no en las realidades de nuestras calles.

Un segundo punto, nuestra economía mayoritariamente de mercado, de elementos invisibles con conceptos modulados, hoy muestran la realidad de tener inexorablemente al trabajador en el trabajo, produciendo, pero como una sociedad de consumo, producir requiere consumir, y al no consumir la cadena invisible se hace visible y se quiebra por el punto más débil, el trabajador y su familia.

Los datos nos llevan a recordar que en La Guajira los contagios a inicios de abril eran de 1, y para finales de ese mismo mes era de 9; terminamos mayo con 58 contagios; se inició junio con 64 y se terminó con 440, ya para 25 de julio la cifras ascienden a 1757 contagios, 936 activos, conocidos o identificados, el crecimiento además de evidente es alarmante.

Entonces tanto las cifras, como la experiencia, han indicado que el crecimiento exponencial de los contagios, en evaluación implica que el confinamiento no dado los resultados esperados, ello aunado a la economía poco solidaria en la que se sustenta nuestro Estado, lo que conlleva a otra estrategia que seguir manteniendo nuestra confianza en una pronta vacuna.

Allí entonces vienen a colación las expresiones del Académico, al que hago alusión en líneas anteriores, cuando indica que ante una pelea, debemos atacar, conocer su rostro como él conoce el nuestro, salir de un estado de arrinconamiento y lanzar nuestros golpes, y para hacerlo debemos saber dónde está.

Así él propone una medida que con el dinero que se han gastado hoy, con lo que podrían estar dispuestos a pagar algunas empresas privadas, y con lo que realmente importa para conocer el terreno donde estamos, debemos sí o sí hacer pruebas masivas a todos, y cuando digo todos es todos.

Ello implica una planificación, coordinación y voluntad Estatal sin precedentes, un gasto que permitirá reactivar de buena forma la economía, las actividades y algunos sectores que están a punto del colapso.

Saber dónde está el virus, permite dos cosas, saber quién pueda activarse en una sociedad y un estado que lo necesita, además que dicho ciudadano lo necesita más. Saber dónde está, es poder ver al rostro del enemigo encontrar su fortaleza en nosotros, ya es hora de llevarlo contra las cuerdas, además de empezar a utilizar sus debilidades como nuestras fortalezas.

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1 COMENTARIO

  1. Excelente; considero que ha faltado de parte y parte; la del gobierno, en atacar con otras maneras a la pandemia y la de nosotros, mostrándonos con un poco más de conciencia y reflexión sobre dicha pandemia.

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