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Vivimos en un mundo convulsionado, por razones obvias, pero en nuestro caso además de eso en un país convulsionado, peligroso por demás, un Estado que no atiende a los intereses de la mayoría, sino a un sistema que funciona bajo prerrogativa de legitimidad, en sombras de ilegalidad, porque la ley y la causa cuando no atienden el interés superior es “moralmente ilegal”.

Hace varias semanas escribí un artículo que ‘entre líneas’ atiende la preocupación sobre los órganos de control e investigación, y el problema sobre si quienes nos miran con ojos de ‘moral’, deben mirarse ellos primero, más cuando sus actuaciones son actos repetitivos y sistemáticos de instituciones con mismas tareas, aspectos que por ejemplo Rodrigo Uprimny desde hace años, ha ventilado, y recientemente Jaime Arrubla.

Han sido semanas de convulsión, y no es por el virus precisamente, los que Gobiernan desde las alturas, parecen Dioses Griegos, y requerimos un Prometeo, no un salvador; aunque con tantas luces que destellan de sus imprecisiones y desatinos, causan tanto resplandor, que el problema debe ser nuestra mirada que requiere una urgente operación.

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Expresiones poco atinadas y sanas, medidas propias de intenciones subsidiadoras que no atacan el problema de raíz, pasando por viajes a islas con propósitos y deseos misteriosos, o la expedición de multiplicidad de decretos, que serán dignos de estudio en las facultades de derecho, a fin de encontrar su pertinencia a la situación, y su ‘desconexión’ constitucional.

Luego nos enteramos que quienes señalan con ímpetu de moralidad superior, dan cuenta como buenos tutores con ejemplos, que es lo que no se puede hacer. Estamos próximos a un hecho que puede ser consecuente a lo difícil y absurdo de este año, o, por el contrario, una partida para una verdadera renovación institucional, esto es las elecciones de Procurador y Defensor.

Lo preocupante, y hasta tanto no cambien las cosas, es que serán ellos los guardianes de la moral, de la pulcritud y de la disciplina, aun cuando se comportan igual o peores que a quienes señalan, cuando no son precisamente los ejemplos institucionales a seguir, cuando desde el propio sistema electoral de esos grandes funcionarios vienen los problemas, hasta que eso siga así, no podrá ocurrir nada distinto de que se señalen a quienes quieren señalar y no a quienes deben investigar.

Es preciso indicar que hay grandes distinciones jurídicas y morales, en señalar e investigar, en salir anunciar el inicio y determinar después, en mostrarse como los correctores libertadores a caballo, y luego saber que el caballo y la espada eran del terrateniente a quien le interesa la expansión de la finca, y los jornaleros creyendo que luchaban por su libertad.

Es hora de despertar, el acto primario de rechazo y llamado a corregir debe venir de los servidores a quienes les interesan esas entidades y no el protagonismo, a quienes han forjado sus familias gracias al sustento conseguido en ellas, con trabajo serio y objetivo. Es en ellos en quien debe estar el primer acto de moral.

Cuando esta Sociedad empiece a recibir la luz como una idea que le indica que la amplitud burocrática de entidades que se repiten en sus funciones, surgirá la pregunta de quién compra chaquetas para el frío cuando vive en un pueblo del Caribe, ¿esto para qué?

Me permito terminar con un ejemplo que da cuenta del marcado contexto noticioso que no atiende a una prerrogativa aterrizada en la dogmática, y de allí que se inicie algo para luego quizás defraudar, esto es la apertura del proceso contra el alcalde de Riohacha.

Salvo que esa fiesta se hubiese dado con ocasión de una situación institucional en donde atendiendo su calidad de alcalde y con recursos de la Alcaldía, no existe desde el punto de vista disciplinarios reparos, en tanto lo cuestionable desde ese marco es lo que resulte exigible a su condición y atienda esa calidad.

El resto son falsos llamados a la pulcritud, tal vez señalar aspectos que como primera autoridad deba ser el marco de referencia para su comunidad, pero eso es otra discusión.

La justicia en cualquiera de sus modalidades, debe atender antes del medio y coyunturas, las pretensiones de la solución, en forma seria, pronta, y objetiva, vivimos acostumbrados a los shows, y eso podrá ser cualquiera cosa menos justicia.

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