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Si América Latina y el Caribe está considerada como una de las regiones con más desigualdad en el mundo y La Guajira es una de las más desiguales de Colombia, entonces… No se requieren más datos.

Es absolutamente cierto que estamos en la cola del mundo en materia de equidad social. No se requieren conceptos matemáticos que estudien la Ley de Transitividad ni de sociólogos que comparen índices de Gini. La inequidad social está presente en nuestro diario vivir. Así estamos en La Guajira.

Y esta triste realidad se agrava en tiempos de pandemia. Ya ha quedado demostrado que el covid-19 ha profundizado las desigualdades sociales y que en cada región o en cada país el virus afecta más a los que están más abajo en la escala social. Se ceba con las personas más vulnerables. Los más acomodados mueren menos.

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Las diferencias comienzan desde el riesgo de contagio. No todos asumimos el mismo riesgo. Depende, por ejemplo, de la posibilidad de cumplir con las medidas de aislamiento o de distancia social que llaman, del tamaño de las viviendas, de la disponibilidad de espacios abiertos, de la necesidad o no de utilizar el transporte público, de la capacidad o no de teletrabajar, o de no trabajar, por solo mencionar algunos aspectos. 

Está claro: No todos asumimos el mismo riesgo, muchos viven en cuchitriles y muchos ni siquiera tienen el acceso al agua corriente para lavarse las manos.

Y si el riesgo de contagio es mayor entre los más pobres, la situación empeora cuando ya no hablamos de riesgo sino del como atacar la pandemia.

De un lado están las propias condiciones de salud de la persona que tienen que ver con su sistema inmunitario generalmente asociado a los hábitos alimenticios, y del otro del sistema político de gobierno, del gasto público de cada país y de la distribución de la riqueza interna, complementado con las medidas que cada gobierno adopte para resolver la disyuntiva de salud general o salud económica.

Las comorbilidades preexistentes en cada individuo van asociadas a la vida diaria de cada quien por lo que también está demostrado que factores de riesgo extremo en la covid-19 como obesidad, diabetes, hipertensión arterial, problemas cardíacos, etc. son más frecuentes en personas de bajos ingresos. Es decir, las enfermedades preexistentes como las mencionadas, también interactúan agravando la situación del infectado. 

Como enfrenta cada país la pandemia, como es su sistema de salud pública, como intenta frenar las desigualdades sociales, como ataca el creciente desempleo en tiempos de pandemia, como apoya a sus connacionales cuando se recrudece el hambre y si prefiere frenar la muerte a paralizar la economía; todos son elementos a tener en cuenta para entender como nos irá al final de esta pandemia que cada vez se ve más larga.

Ya son varias las voces internacionales que dicen que el covid 19 no es una pandemia sino una sindemia, por lo que hay que enfrentarlo desde un enfoque biológico y social. Se requiere una visión más amplia donde hay que “subrayar sus orígenes sociales” como bien ha dicho el editor de la revista científica británica The Lancet.

En este contexto, se explica que para entender el covid-19 también hay que abordar la hipertensión, la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y respiratorias crónicas y el cáncer. “Prestar mayor atención a las enfermedades no transmisibles no es una agenda solo para las naciones más ricas. Estas enfermedades también son una causa desatendida de mala salud en los países más pobres”.

Es tanta la certeza sobre el efecto pandémico en situaciones de desigualdad que en los últimos días la ONG Oxfam Internacional, ha publicado su informe del 2020 donde con base en sus estudios a nivel global nos muestra como los multimillonarios del mundo hoy son más multimillonarios, los pobres son más pobres y los miserables más miserables; cómo la pandemia ha tenido menor impacto en los países menos desiguales y cómo las economías que se han mantenido más estables son aquellas que protegen el empleo de calidad y la cobertura en salud pública.

Por último, no hay que dejar de mencionar lo que está pasando con las posibilidades de vacuna para los países más desfavorecidos. Se ve venir el conflicto entre los países más desarrollados cubriendo a su población y los más pobres sin la cobertura debida. A este ritmo la desigualdad seguirá al alza y los muertos, por causa de la pandemia, también.