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Con la intención de implementar principios de Derecho frecuente –con visibles emblemas– que son necesarios para hacer diferencia entre las personas civiles, de los combatientes en el conflicto interno armado, que soporta el pueblo colombiano; creo necesario hacer algunas precisiones en lo que se considerará en nuestro medio como un conjunto de prácticas y creencias, que han venido siendo aceptadas como normas obligatorias de la conducta de nuestra comunidad, impuestas por la confrontación bélica fratricida, que como ‘país portátil’ toleramos.

Sobre el particular, se entiende como «población civil, todas las personas civiles» con excepción de aquellas personas que forman partes de las Fuerzas Armadas o de un grupo organizado de alguna de las partes en conflicto. Estas definiciones son más o menos necesarias para determinar qué ‘personas son civiles’ y cuales son combatientes en conflictos reglados por el artículo 3 común y el 13 del protocolo de Ginebra del 12 de agosto de 1949 –los cuales no definen– la expresión «combatientes». No obstante, señalan los elementos principales de la concepción de lo que son las Fuerzas Armadas, al hacer referencia a una «Alta Parte contratante» y a «Fuerzas Armadas disidentes o grupos armados organizados bajo la dirección de un mando responsable».

Sin embargo es necesario aclarar lo que es participación «directa» o «activa» y participación «indirecta» de personas civiles en las hostilidades a fin de identificar aquellas situaciones limitadas en la que no es ilegal atacar personas civiles». En Derecho Humanitario generalmente se entiende que la frase «participación directa en las hostilidades» significa actos que por su naturaleza y propósito, buscan infligir un daño al personal o material enemigo. Tal participación también sugiere una «relación causal directa entre la actividad en desarrollo y el daño infligido al enemigo en el tiempo y lugar en que la actividad se lleve a cabo». Ya que para
que un ataque sea permisible, el objetivo militar no sólo tiene que contribuir a la acción militar del enemigo, sino que su destrucción, neutralización o captura debe ofrecer una «ventaja militar definida» a la parte atacante en las circunstancias de caso», lo que significa que no es legítimo lanzar un ataque que sólo ofrece ventajas potenciales o indeterminadas».

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La legitimidad de un blanco militar no proporciona una licencia ilimitada para atacarlo. La regla de proporcionalidad prohíbe «un ataque que pueda esperarse que produzca incidentalmente la muerte de civiles, lesiones a civiles, daños a bienes civiles o una combinación de ellas, que sería excesiva en relación a la ventaja militar y directa prevista».

Esta regla de proporcionalidad impone una limitación adicional a la discreción de los combatientes al decidir si un bien civil es un objetivo militar, del cual se espera que un ataque produzca incidentalmente víctimas o daños civiles bajo el requisito de una ventaja militar anticipada definida (ataque a base militar de Patascoy, toma de Mitú capital del Vaupés por las Farc Ep), bajo el artículo 52 se eleva al estándar más restrictivo de una ventaja militar «concreta» y «directa».

Otro aspecto que debo mencionar, es que la ecuación de proporcionalidad, requiere que el daño predecible a personas o bienes civiles no sea desproporcionado o «excesivo» a la «ventaja militar concreta y directa prevista». En el Derecho de la Haya se determina los derechos y deberes de los beligerantes en la conducción de las operaciones. Y se limita la opción por los medios de destrucción posibles con un ataque notablemente extremado y ventajoso.

Por otra parte el Estatuto de la Corte Penal Internacional es un nuevo desafío a la impunidad y al respeto de los derechos Humanos y del Derecho Internacional Humanitario. Aun con la restricciones y reservas que puedan entorpecer su inmediata puesta en marcha, su funcionamiento en todos los casos de violaciones a los Derechos Fundamentales de las personas. El respeto y la defensa del Derecho Internacional Humanitario debe comprometer a todos los Estados y comunidades en la búsqueda sincera por alcanzar el objetivo de la paz que se merecen todos los pueblos del mundo.

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