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En estos días, un amigo preocupado por tomar buenas decisiones y con un interés muy particular sobre la política, atendiendo las noticias electorales que llegan del país del norte. Me llamó y me dijo que le explicara qué era democracia, y además que le indicara sobre si este ‘método’ es la mejor opción en un Estado, determinando una condición, no podía darle la típica respuesta, que es el poder del pueblo.

Existía para la respuesta, una circunstancia a tener presente en quien la realizaba, es una persona con un sentido agudo de la crítica, ese que te sirve para que no te engañen en el discurrir de las propuestas ‘estúpidas’ en la política; en discursos que se afanan diciendo a las personas cualquier cantidad de cosas que quieren escuchar, sin detenerse un momento en su análisis.

Así que el tema no era fácil, muy a pesar que he podido acudir a las visiones de otras personas como Churchill que indica, es el sistema más propenso a las debilidades, y si lo decía en esos años cuando la información no era tan manipulable, que se puede decir hoy, que un hombre con tintes denominativos de emperador ungió con su gran mano al “soberano”.

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Con esa pregunta llegué a mi casa, pensando que lo más complejo puede encontrar su respuesta en lo simple, así entonces, me dispuse a estar atento a los más mínimos detalles, teniendo de presente una pauta, esto es, cómo funcionan los procesos de escogencia y el grado de libertad en ellos.

La observación me llevó sin quererlo a un hecho curioso, pero básico para la respuesta que debía dar, estando presto a iniciar clases, noté como mis dos hijos preparaban algunas cosas para un viaje.

Ambos se encontraban ansiosos en emprender una nueva aventura de vacaciones, esperaban con cierta exigencia el paso pronto de los días. Bajo esa idea, preparan sus rutinas para ir a Manaure en La Guajira, lugar donde hacen un real ejercicio de sus libertades, con tanta plenitud, que por ellos podrían vivir toda su niñez, en esas tierras de mar, sal, y encantos de sabores, típica tierra del norte guajiro.

En este ejercicio que con detalle observaba, notaba como escogían los juguetes para llevar, con algo particular, uno de ellos había llenado su mochila, pero aún quedaban algunas opciones, y muy amablemente le dijo a su hermano por qué no escogía determinados juguetes, le daba opciones al punto que en realidad los juguetes ofrecidos eran los que quien ya había llenado su mochila prefería.

De inmediato y por tantas diatribas que a diario escucho, que desechan otras opciones, se cimientan en el miedo y terror, como algo que leí hace muchos años en la universidad que habla del discurso sustentado en recordar a la gente algo que puede llegar, pero en nada lo que ya está, una especie de “coco” para los niños que no toman sus sopas.

Allí estaba mi respuesta, la democracia es tan maravillosa en la medida que su ejercicio se construya bajo postulado de verdadera libertad, en todos sus sentidos; solo un elemento es suficiente para condicionarla, y aun así podemos creer que somos las mayorías quienes deciden, Estados Unidos es el típico ejemplo que porcentualmente no es así.

Así entonces, hice el siguiente ejercicio, uno de mis hijos era la clase política que viene acuñada desde hace mucho tiempo en el poder, son los que ofrecen las opciones de colores, sentidos y líneas a esos juguetes, que vendrían siendo los candidatos. Mi segundo hijo, son los ciudadanos, que de cuando en cuando acuden a las urnas, y escogen entre esos que se dictan como de determinada corriente, algunas veces “vendiéndose” como opciones alternativas.

Pero faltaba un actor, y no lo había visto, era yo, viendo los hechos, con claridad y el suficiente conocimiento para intervenir y mostrar la realidad de las cosas, pero preferí quedarme sentado, solo criticando, sin mayores acciones, esos son los que no salen a ejercer bajo pleno ejercicio de libertad su derecho, buscar esas opciones que otros no ven o no dejan ver, siendo pasivos que prefieren ver algo distinto a lo verdaderamente importante.

Así que ya se lo que voy a decir a mi amigo José Carlos, cuando me vuelva a preguntar, diré que asuma con responsabilidad su derecho, que las opciones no se imponen con miedo y sombrías referencias sobre el otro, que la opción está en su libertad, pero para eso necesita curtirse, para que la mentira no haga ecos de imperio disfrazada de democracia.

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