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El cielo gris y el viento adormecedor por esa sensación que indica con cierto sigilo que es mejor quedarse entre cobijas, le advertían rumbo al trabajo que iba a ser un día propicio para iniciarlo con una bebida caliente.

El rocío de esa mañana parecía más notable de lo normal, algo que generaba en las personas que transitaban un comportamiento casi que previsible, entre afanes por un lugar en alguna de las tantas cafeterías del sector.

Winston, se apresuró a entrar en una de ellas, le gustaba en forma extraña tomarse un café en solitario, pero con lugares llenos, quizás ello resultaba una paradoja de su vida. Pensó, que esas mañanas le hacían recordar con mas nostalgia su tierra Guajira, en la capital, en la arena sedosa y un mar conversador, bajo palmeras cuya sombra te invitaban al descanso.

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Al entrar al sitio, avizoró un lugar con sillas aún disponibles, resultó extraño como al abrir la puerta esa mesa en la esquina, le daba la sensación de estarlo esperando, como quien entre su camino solo observa dos puntos, y ningún detalle adicional le pueden atrapar.

Corrió a la mesa y se sentó, pidió el café y notó que aun le quedaban 40 minutos antes del inicio de las labores en su oficina, sacó un pequeño libro de bolsillo que siempre traía consigo, y se dispuso junto con el café entre “ellos” tres, a tratar de encontrar una respuesta que había surgido desde el primer capítulo.

A pocos minutos de haber iniciado, la campanilla de la puerta sonó, pero para Winston esta vez fue un llamado directo a su tranquilidad, sin embargo, no dio mayor importancia y continuó. A los escasos segundos, alguien le preguntaba si era posible compartir la mesa, expresando “está cayendo un ‘diluvio’ y quiero pasar el temporal con una bebida caliente”. Al notarlo absorto en la lectura, a María le pareció prudente el compromiso de decirlo.

Él, sin levantar su mirada, le indicó que no había problema, y luego de unos minutos, ella poco prudente a la soledad de Winston, le preguntó sobre el libro, abandonando la lectura y como quien se dispone a realizar un reclamo, Él, se encontró atrapado en el cabello de María, y lo abrumó a tal punto, que el reclamo se convirtió en una propuesta para explicar lo leído.

Así dieron inicio a una conversación pasada por 3 cafés, dos tortas de zanahoria, y un té chai, sin notarlo, su pequeño momento los llevó durante dos horas a conversar desde los nuevos videos musicales con ambientes literarios y bibliotecas espaldas, hasta discusiones sobre que pizza era mejor, tostadas y casi quemada, o flexible y jugosa.

Sin quererlo se habían involucrado en una amena conversación, que solo les permitió indicarse los nombres, y el resto fueron aspectos sobre gustos, anhelos y sensaciones, al extremo que luego de esas dos horas tenían la idea, sin que así lo hubiesen aceptado, la lluvia fue un actor celestino de dos almas que necesitaban por una u otra razón conocerse.

Al notar que había dejado de llover, María miró un mensaje en su celular, y salió disparada como si ello hubiera sido un campanazo que indicaba llegarían “las 12 y la magia terminaba”, se levantó corriendo dio gracias e indicó pronto nos veremos.

Winston, no pudo articular mayor palabra que un amable OK, sin percatarse que entre tanta información no tuvieron la precaución de compartir números, así que solo tenía un nombre, manos pulcras y cabello abundante.

El paso de los días, llevó a Winston por más de un mes, a recurrir a la misma cafetería en procura de una suerte que lo llevara nuevamente con la compañía de María. Luego de ese tiempo decidió recurrir a otros lugares, pero a la misma bebida.

Cierto día luego del trabajo, decidió que sería una tarde adecuada para disfrutar de una bebida, y como de costumbre repasar las líneas de algún texto, por lo que resolvió quedarse en un lugar cerca del trabajo al aire libre con sillas cómodas.

Estando inmerso en la lectura, alguien al pasar le indicó, “buen libro, pero te pierdes del paisaje”, y le propuso si quería compartir una pizza delgada y medio tostada, era María, que le expresó había estado tratando de ubicarlo, se sentó y le entregó un papel que al abrirlo Winston leyó, “a veces es bueno levantar la mirada y apreciar el paisaje, hasta tanto lo aprendas, aquí está mi número”, y se vertieron en una conversación como quien tiene la necesidad de ponerse al día.

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