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Desde un punto de vista mesurado, el destino por la paz en Colombia es muy sombrío. Y debemos por ello recelar y sospechar, puesto que desde la firma del proceso acordado en la Habana, no se ha logrado poner en regla todo lo pactado, ni analizado a fondo lo peor por venir. No existe pues, nada diferente que razones para esperar y tener fe en lo realizado posconflicto, por la militancia mayoritaria desmovilizada de las Farc Ep y los pacifistas incondicionales, dispuestos a luchar por la paz, resistiendo a todas las insanias, trastornos y monomanía que se proponen de uno y de otro grupo en oposición recíproca.

En suma se puede decir que yo no estoy ni a favor ni en contra, en la forma como se está presentando el debate en quiénes atacan el acuerdo de la Habana y en quiénes lo defienden. Eso no es muy confortable para ninguna de los contendientes, pues cada uno de los argumentos expuestos tienen su lógica y razón.

Y he tratado lealmente de estar con mi opinión imparcial en él. ¡He puesto cara sería! al criticar algunas intransigencias de una de las partes. Y después con mi debida prudencia me he resignado, pues es preciso llamar las cosas por su nombre sin ambigüedades: y lo que lo es lo es. Yo estoy en otro asunto. Y sé que hay gente muy juiciosa integral, que tratan de arreglar la situación del conflicto con lo que hay y tienen a su alcance disponible. Yo no tengo nada que decir en tal sentido.

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Entonces yo estoy por la pluralidad de las oposiciones, pues puede existir uno del partido opositor que no esté seguro de tener la razón. Ese sería el que identificaría con mi ideal. En todo caso, yo no insulto a los que no compartan mi forma de pensar.

Es mi única originalidad. Yo apuesto por la paz. Ese es mi optimismo. Pero hay sin duda alguna que hacer algo por ella, y eso sería muy difícil. Ese es mi pesimismo.

De todas formas, los únicos movimientos que apoyaría sin reserva hoy, son los movimientos por la paz que tratan de desarrollarse en el plano nacional. Es allí donde se encuentran los verdaderos realistas. Y yo dentro de mi mediana capacidad de colaboración estoy con ellos.

Las personas que conozco -con las cuales he dialogado- no aceptan lo acordado precariamente en la Habana ni negociarían la paz a cualquier precio. Pero en consideración a los perjuicios que acarrearía una violencia mayor, y los desastres que arrastraría consigo, ellos consideran que no se puede renunciar a la paz auténtica y real sin haber agotado para ello todas las oportunidades.

Y, luego, sin desconocer que ya se ha firmado un acuerdo de paz por una parte de aquellos mismos, que hoy pretenden dentro de su creencias e ideales absolutamente lo contrario, no sería fácil explicarles esa contradicción a los soñadores con una verdadera paz social. Personalmente con mis relacionados yo aceptaré ese encargo, pues tengo la extravagancia de ser un quijote penitente.

Esa mistificación que nos quieren hacer creer, que la política del poder cualquiera que sea, puede conducirnos a una sociedad mejor donde será realidad por fin la social, no es más que una ilusión de los gobiernos populistas, que apoyándose en ideologías revisionistas modernas, buscan el poder haciendo justamente imposible esa liberación social.